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Comisión de la Verdad

Creo en la gente de Tumaco

“Tenemos que llegar al punto en que el dolor y el sufrimiento de la gente de Tumaco sea el dolor de toda Colombia”.

Enero 27 de 2020

La primera vez que ya como comisionada fui a Tumaco, pude percibir que la gente vive con miedo. En el ambiente general y en las conversaciones se deja ver que hay fuerzas negativas, oscuras, que hacen que la gente no quiera hablar, que ni siquiera puedan mirarse a los ojos, expresar su dolor y caminar juntos; algo les impide encontrarse incluso en las maneras como los afectan las situaciones que viven todos los días. Noté que hay una red de prevenciones y desconfianzas que se mueve sola, en la que muchos están atrapados, no porque vean en el otro tumaqueño a un enemigo, sino porque el enemigo real está en todas partes y nunca se sabe con qué rostro se presentará o cuándo puede decidir atacar a alguien por lo que diga, haga o cómo se mueva.

Creo que hay allí un trabajo importante por hacer por parte de la Comisión: construir confianza. Así como puede sentirse el miedo en el ambiente, también se percibe la esperanza y la necesidad de contar lo que les ha pasado a los tumaqueños, que va más allá de lo que vemos en las noticias. Son situaciones que quieren superar para vivir, para vivir bien en su territorio.

Es necesario encontrar estrategias para activar espacios de diálogo franco, respetuoso y bien cuidado, que no generen más riesgos, tanto para que los tumaqueños puedan participar en las acciones de la Comisión y en otras instancias de la institucionalidad, como para que regrese el diálogo comunitario, el palabreo cotidiano, la participación y el libre desarrollo de la ciudadanía, sin consecuencias negativas para la integridad de las personas.

Tumaco es un lugar de esperanza, yo creo en el pueblo de Tumaco. Y aunque pienso que la violencia y todas las victimizaciones que ha sufrido han hecho muy fuerte a este pueblo, tengo la convicción de que en esta tierra bonita solo se podrá pasar esta página si toda Colombia mira a este territorio y cada uno ayuda de alguna forma, no mirando y nombrando a su gente como los negros o los indios pobrecitos de Tumaco, sino como un pueblo poderoso, que ha sido sometido por la violencia de todos los actores. A los tumaqueños se les ha ocultado la riqueza que tienen y se les ha fracturado sus procesos comunitarios y étnicos en el interés de evitar que se fortalezcan sus organizaciones para la autogestión del territorio, para impedir que se forme un capital social activo, pensante, con capacidad propositiva y unido que defienda los intereses comunes y que le dé un rumbo distinto a la idea de desarrollo.

Tenemos que llegar al punto en que el dolor y el sufrimiento de la gente de Tumaco sea el dolor de toda Colombia. Solo si llegamos a ese nivel de consciencia colectiva ayudaremos a que la realidad actual cambie, y permitiremos que ese lugar pueda desarrollar sus proyectos de vida étnico-territoriales y que se renueven los procesos políticos, económicos y socioculturales de la gente y para la gente. Yo sigo creyendo en la gente, en el pueblo tumaqueño.

 

Sobre el blog...

Este blog reúne mis reflexiones como comisionada de la verdad en Colombia y mi experiencia de escucha caminando por distintos territorios en la búsqueda del esclarecimiento de la verdad de la guerra en mi país. Espero que estas líneas se conviertan en una especie de testimonio de cómo juntos podemos encontrar las claves de la reconciliación y de la convivencia para evitar que los hechos dolorosos que hemos vivido como sociedad.

Mi perspectiva es la de una mujer oriunda de Chocó, en el Pacífico colombiano, y habitante de Urabá durante gran parte de mi vida. Aunque he sido víctima, no estoy encerrada en mi propia historia. Estoy atenta a escuchar voces diversas, porque reconozco que no hay una verdad única ni universal, sino que desde todas las orillas surgen voces que crear un mar de explicaciones, dolores y esperanzas, porque todos tenemos algo qué decir, algo para contar y algo qué escuchar, no solo sobre el conflicto armado interno, sino sobre su transformación, sobre como salimos de su espiral y lo dejamos atrás para construir un futuro sin guerras.

Ángela Salazar

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