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Comisión de la Verdad

La juventud tiene la palabra

Es necesario dar espacios a los jóvenes, ellos son el presente y debemos darles la posibilidad de construir un futuro más creativo y con mucha más empatía del que los adultos vemos.

Octubre 10 de 2019

Hemos perdido tres generaciones en las garras del llamado conflicto armado. Por eso, creo que debemos acercar a los jóvenes, a los renacientes, que están creciendo, y a los que sobrevivieron a tantos años de terror, porque ellos fueron niños cuando el conflicto tuvo su mayor intensidad. En su momento, fueron niños y niñas atravesados por la guerra; por ellos, en ese momento queríamos construir un país distinto. No lo logramos. Hoy, cuando seguimos creyendo que podemos ofrecerles un país mejor, debemos invitarlos a que nos ayuden a soñarlo, a construirlo y a fortalecer este nuevo intento. Los jóvenes del pasado reciente y los de hoy saben lo que es la guerra, la viven en carne propia. Su voz también es importante y su experiencia es muy valiosa; debemos darles el lugar que les corresponde, como víctimas directas e indirectas de lo que nos ha pasado.

Pero también debemos abrir la posibilidad de que nos ayuden a evitar que los renacientes, los niños, las niñas y los adolescentes de hoy, sean reclutados, violentados o seducidos por el conflicto en sus nuevas formas. Ellos tienen la experiencia de haber sobrevivido y pueden tener más y mejores ideas que los que somos más viejos y tenemos una idea fija del conflicto. Esta cosa violenta que se metió en el alma al país, que se recicla, usa la tecnología, cambia de apariencia, usa armas distintas a los fusiles y afecta espacios insospechados de la vida de las comunidades tal vez pueda ser mejor comprendida y enfrentada si la juventud toma la palabra.

Los niños y los jóvenes que viven y han vivido en un país en guerra contra sí mismo pueden tener muchos vacíos, muchas ausencias, demasiados dolores. La forma más fácil de expresarlos, la que esta sociedad enferma les ofrece más claramente, es la violencia, porque la respuesta de la sociedad misma a tantos odios y rencores es también violenta; eso es lastimosamente lo que les enseñamos. Pero los chicos y chicas de hoy pueden tener la clave para ayudarnos a sacar a toda la violencia de adentro.

Al conversar con ellos, a veces justifican que un conflicto haya empezado porque alguien los miró feo. No es fácil de entender por qué por situaciones tan sencillas hacen que unos violenten a otros. Por eso, una propuesta en la que he insistido y en la que quiero perseverar es que les generemos más y mejores espacios para expresarse, para ser. Pongo en consideración dos ejemplos. El primero es crear centros de reconciliación en las instituciones educativas, liderados por los mismos adolescentes jóvenes, previamente formados en conciliación para la equidad, en estrategias prácticas para la resolución de conflictos. El segundo es recuperar la idea de los cubes juveniles, espacios de encuentro de los adolescentes y los jóvenes, donde se juntaban por intereses, posibilidades de expresión, aficiones y búsquedas comunes para desde allí generar ideas, propuesta y acciones de cambio. Mientras desarrollaban sus capacidades e identidades juveniles, educaban sus emociones y hacían pacíficamente un buen trámite de sus conflictos, gracias al acompañamiento tanto de la institucionalidad como de otros jóvenes y distintos actores sociales de las comunidades. Creo, pues, que es necesario dar espacios a los jóvenes; ellos son el presente y debemos darles la posibilidad de construir un futuro más creativo y con mucha más empatía del que los adultos vemos.

 

Sobre el blog...

Este blog reúne mis reflexiones como comisionada de la verdad en Colombia y mi experiencia de escucha caminando por distintos territorios en la búsqueda del esclarecimiento de la verdad de la guerra en mi país. Espero que estas líneas se conviertan en una especie de testimonio de cómo juntos podemos encontrar las claves de la reconciliación y de la convivencia para evitar que los hechos dolorosos que hemos vivido como sociedad.

Mi perspectiva es la de una mujer oriunda de Chocó, en el Pacífico colombiano, y habitante de Urabá durante gran parte de mi vida. Aunque he sido víctima, no estoy encerrada en mi propia historia. Estoy atenta a escuchar voces diversas, porque reconozco que no hay una verdad única ni universal, sino que desde todas las orillas surgen voces que crear un mar de explicaciones, dolores y esperanzas, porque todos tenemos algo qué decir, algo para contar y algo qué escuchar, no solo sobre el conflicto armado interno, sino sobre su transformación, sobre como salimos de su espiral y lo dejamos atrás para construir un futuro sin guerras.

Ángela Salazar

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