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Comisión de la Verdad

“Le echaron la culpa a mi cuerpo, a mi forma de vestir”

Mujer víctima de violencia sexual relacionada con el conflicto armado.

Enero 28 de 2019

“Cada vez que me baño me cuesta mucho. Bañarse era un momento bonito del día. En este calor es delicioso bañarse, pero pasar mi mano por mi vagina y sentir las cicatrices que dejó la violación se convirtió en una tortura”. (*)

Vivir con una cicatriz es un recordatorio permanente o una suerte de tatuaje involuntario, que todos los días trae a la memoria vivencias y sensaciones del momento de la violación. Una cicatriz también marca la forma en que otras personas ven y se relacionan con quien fue violada. Las marcas de la violencia sexual, cuando se hacen evidentes, suelen generar momentos incómodos y silencios dolorosos en quien las ve. Nadie sabe que decirle a una mujer que tiene sus órganos sexuales marcados por una cicatriz producto de una violación.

Cada que se toca una cicatriz relacionada con violencia sexual se ve la cara del agresor y se crea la sensación de que la vida nunca va a ser la misma. Dejar que alguien más toque el cuerpo o vea las cicatrices, se vuelve una tarea casi imposible. Recuperar la vida afectiva es un reto porque crea desconfianza y los hombres no vuelven a ser percibidos como compañeros o amigos, sino como alguien que puede hacer daño y usar la fuerza para lastimar.

Las cicatrices no solo son físicas. Hay cicatrices en la mente que impiden ir a los lugares en donde se vivió tanto miedo o en donde la gente puede reconocer y juzgar. Las cicatrices de la mente llevan a que ciertos olores, palabras, gestos o personas, revivan de inmediato todo lo vivido, y que vuelva el nudo en la garganta. Solo se quiere estar sola, sin hacer nada. Las cicatrices del alma impiden sonreír genuinamente y sentir paz.

“Le echaron la culpa a mi cuerpo, a mi forma de vestir. Hoy me hago un homenaje poniéndome un vestido, porque desde el momento en que pasó todo, no había podido hacerlo”. (*)

 

(*) La mujer del relato desarrolló un proceso con organizaciones de mujeres, se convirtió en documentadora y ha recolectado cerca de 180 casos de violencia sexual.

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