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Comisión de la Verdad

Los y las campesinos del valle del río Cimitarra: coraje y economía campesina

La Asociación campesina del valle del río Cimitarra (ACVC) presentó el informe ‘Nos quisieron acabar’ que narra las violaciones a sus derechos y sus proyectos de vida en medio del conflicto, así como sus resistencias que son un modelo de convivencia.

TERRITORIOS | Mayo 04 de 2021

Los y las campesinos del valle del río Cimitarra: coraje y economía campesina

En la socialización del informe ante la Comisión de la Verdad se relató cómo, entre 1990 y 2010, el movimiento campesino del Magdalena Medio sufrió la persecución sistemática para desarticular, desplazar y exterminar el tejido social de la ACVC y sus liderazgos, que se oponían a volver a ser desplazados y a dejar la aldea de Puerto Matilde, vereda de Yondó, Antioquia.

 

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“En Colombia no solamente hubo sufrimiento, golpes, hubo un montón de gente que luchó hasta el último momento y le mostraron al bloque magdalena medio de la extinta FARC-EP que había un camino y que era un camino de coraje y economía campesina y lo mostraron muchas veces sometidos a la estigmatización y al peligro”, expresó Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad durante la recepción del informe.

La ACVC le entregó a la Comisión de la Verdad con este informe dos cosas, en palabras de Francisco de Roux,: “La verdad en medio del conflicto porque estas comunidades tuvieron un coraje impresionante para no dejarse llevar a la guerra ni dejarse destruir por quienes querían acabarlos por la protección del territorio y el medio ambiente; y la victimización que tuvieron que afrontar por sus líderes muertos, los golpes que les dieron a sus familias, los bombardeos que recibieron, las fumigaciones que les cayeron encima a sus cultivos de pancoger”.

Irene Ramírez, presidenta de la ACVC, quien vive en la aldea de Puerto Matilde, relató que con su esposo y otros líderes se creó la asociación en el año 1996, año donde ya venía una persecución fuerte al campesinado en el Magdalena Medio. En el año 2003 asesinaron a su hermano por lo que ella decidió “seguir gritando por los campesinos”. En 2007, encarcelaron a los seis líderes de la ACVC, Irene era tesorera de la asociación y de un proyecto de vivienda de 100 casas, pero ante la situación le propusieron tomar las riendas de la ACVC, se sentía que no tenía las capacidades, no saber leer ni escribir, su vida era en el campo, no había salido a la ciudad, en medio de su miedo la llenaba de mucho valor la fe y confianza que había depositado la comunidad en ella, se sentía con el gran compromiso de ser capaz de hacerlo bien y la necesidad de responder al apoyo de otras mujeres que también estaban en las organizaciones de Barrancabermeja, que le dieron ese aliento.

 

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Hoy Irene, que ha vivido en su piel la guerra, vio como asesinaron a sus compañeros y compañeras, a su propia familia, experimentó las múltiples formas de opresión a las mujeres campesinas, por el solo hecho de exigir sus derechos, situaciones que son analizadas en este informe. “Si bien las Zonas de Reserva Campesina son reconocidas por ley, nos ha tocado a las comunidades hacer tantos esfuerzos por mantener las vías, la organización, exigir la normalización de la tierra porque al Estado le importa poco si el campesino pasar por necesidades o si se va a tomar un fusil. La Guerra no puede ser nuestro destino, por eso nos quedamos trabajando la tierra, en las zonas de reserva campesina donde nos aferramos a la vida y seguimos luchando para que la paz florezca”, añadió Irene.

Los y las campesinas, enfocados en el futuro, con el informe que presentaron a la Comisión de la Verdad, esperan que sea un paso para consolidar entre todas y todos la paz, un comienzo de las necesidades más sentidas del campesinado, porque “no solo hablamos de paz cuando se silencian los fusiles, nosotros esperamos que el Estado aporte con ayuda, empezando con educación, que haya inversión que contribuya al desarrollo social, económico y cultural de las regiones”, señaló Carlos Enrique Martínez Pulgarín quien vive en la aldea comunitaria de Puerto Matilde a dos horas campo adentro del municipio de Yondó, antes llamado Campo Casabe, un lugar al que llegó desplazado con su familia en 1969.

 

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Para Irene Ramírez este informe constituye la esperanza de saber la verdad, “que sepamos ¿por qué se persigue y se bloquea tanto el territorio en las zonas de reserva campesina? ¿Cuál ha sido el interés de arrebatarnos a nuestros seres queridos? Sentimos que cada día le apagan la vida a una mujer, un hombre, aquí lo que no se ha respetado es la vida, ¿Qué debemos los campesinos para que nos haya pasado todo esto en nuestras regiones?”.

Con aprecio la comunidad campesina recibió a Francisco de Roux, o “Pacho” como todos lo llaman y le agradecen todo lo que ha hecho por la comunidad campesina por lo que le entregaron el premio ‘Guardián de los derechos campesinos’ en su primera edición.

“Muchas veces se vieron con la tentación de ¿por qué no nos vamos a la guerra? y sin embargo resistieron a su propia tentación, retomaron su decisión por la paz y le enseñaron a las desaparecidas FARC-EP que merodeaban por acá. Hoy en día son grandes defensores del proceso de paz y saben que eso tiene riesgos y no se van a bajar de ahí”, puntualizó De Roux.

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