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Comisión de la Verdad

¿Cómo vencer el miedo a la verdad?

Contar y escuchar la verdad de lo ocurrido en el conflicto implica sentir y revivir distintas emociones como la rabia, el miedo, la valentía y el respeto. ¿Cómo sanar las emociones de los colombianos para no repetir la violencia?

ENTREVISTA | Marzo 31 de 2020

¿Cómo vencer el miedo a la verdad?

 

Durante 28 años Héctor Aristizábal estuvo exiliado. Salió del país tras haber sido torturado cuando era estudiante universitario, después de que varios de sus amigos y familiares fueron secuestrados y desaparecidos. Héctor es psicólogo del equipo de Reconectando, iniciativa eco-psicosocial que trabaja con la Comisión de la Verdad y con las víctimas, líderes sociales y ambientales, exguerrilleros, exparamilitares, exmilitares y expolicías que vivieron el conflicto y buscan sanar sus heridas emocionales para ayudar a no repetir la violencia.

Comisión de la Verdad: ¿En este país hay mucho dolor en las víctimas?

Héctor Aristizábal: No solo en las víctimas, en este país hay dolor en la tierra, en la naturaleza. En este país ha habido mucha destrucción, mucho daño que no hemos tenido tiempo de procesar.

Como seres humanos, en la guerra siempre estamos huyendo, tratando de sobrevivir y cuando uno está en ese modo no hay tiempo para sanar. Aquí no hemos hecho el duelo porque no paramos de matarnos.

Es más fácil actuar desde el odio, desde la rabia, desde el deseo de venganza, que realmente sentir el dolor. Es más fácil poner las cosas afuera, que realmente sentir qué me pasa cuando me destrozan por dentro.

C. V.: Entonces, ¿en este país hay mucha rabia a causa del dolor?

H.A.: Yo he sentido mucho odio y mucha rabia. Yo le digo a los grupos que yo a todos los he matado en el exilio, no solo a los que mataron a mis amigos, a mi hermano que lo torturaron y descuartizaron. No solo he odiado a los paramilitares y a los militares que me torturaron y que desaparecieron a mucha gente, y a la guerrilla que secuestró primos y que hizo desastres; he odiado también a los testigos, a los que piensan que los muertos habían hecho algo malo y se lo merecían.

Desde mi dolor y mi impotencia era muy fácil sentir que tenía el derecho de matar. Afortunadamente, al mismo tiempo hacía terapia, teatro y meditación, entonces yo he podido procesar todo este dolor; como la tierra que tú le tiras un ser muerto y la transforma en vida, en nutrientes.

El gran reto nuestro es poder tener suficientes herramientas y medicinas para sanar. Hay una sanación que tiene que ser colectiva, hay cosas tan dolorosas en este país que uno no las puede vivir solo; se necesitan rituales para transformar todo ese dolor con símbolos, nos untamos de barro en todas las heridas del cuerpo y nos tiramos al mar o a un río para pedirle que se lleve esa piel que ya no sirve, para poder crecer como lo hace la serpiente. Nuestros ancestros sabían cómo hacerlo.

 

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C. V.: ¿Cuáles son las emociones que debemos sanar los colombianos para no repetir la violencia?

H.A.: Lo que necesitamos es volver a vivir las emociones, todas, y darles un espacio. Yo puedo, por ejemplo, expresarle a un árbol toda mi rabia y golpearlo, yo soy el que se dañará; yo puedo hacer huecos en la tierra y tirar ahí cosas y después sembrar una semilla y ver un árbol que emerge lleno de frutos para todos. No hemos podido hacer eso y se nos ha olvidado cómo hacerlo juntos.

Cuando vivimos un momento de choque, un momento difícil que nos inunda de dolor, ¿qué hacemos?, nos paralizamos, lo metemos en el cuerpo y se convierte en cáncer, en enfermedades que nadie sabe cómo diagnosticar. Los seres humanos podemos resucitar, en cierto sentido, pero hay que morir y le tenemos mucho miedo a eso.

C. V.: No todo el mundo ha experimentado a través del arte lo que usted ha experimentado, la gran masa de los colombianos no tiene esas oportunidades.

H.A.: Yo pienso que tenemos que recuperar formas culturales de procesar las emociones fuertes y de sentir lo que tenemos que sentir sin hacer daño. Por ejemplo, el carnaval es un momento de expresión máxima de las emociones, de permiso, yo me visto de rey, destruyo al presidente, hablo mal de la virgen. Con el arte podemos ser muy violentos y nadie se muere, pero podemos sentir qué es matar y qué es morir, porque eso vive en nosotros.

Hubo momentos de mi vida en que si yo no hubiese tenido una comunidad, a la persona amada y otras alternativas, yo también hubiese terminado en un grupo armado. Eso es lo que he visto trabajando con paramilitares, guerrilleros, militares, que la mayoría son campesinos o gente pobre sin otras alternativas o fueron reclutados forzadamente porque hasta nuestros soldados son reclutados forzadamente, la gente rica no va al monte.

C. V.: ¿La construcción de paz y el esclarecimiento de la verdad del conflicto son vitales para las emociones de los colombianos?

H.A.: Cuando estamos hablando de la verdad, estamos abriendo cajas de pandora, estamos abriendo heridas impresionantes, estamos abriendo pestilencia; sin embargo, yo creo que en la herida está la medicina. Por ejemplo el miedo, que nos paraliza, es un túnel que hay que pasar. ¿Qué hay al otro lado del miedo?: el valor, el coraje, la valentía. Los sueños se paran cuando uno voltea y mira el monstruo, y se da cuenta de que el monstruo lo crea uno.

 

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C. V.: ¿Tenemos miedo a la verdad?

H.A.: Claro, y hay que mirarla.

C. V.: ¿Por qué la verdad es una cosa que nos da miedo?

H.A.: Es que no hemos vivido en la verdad, sobre todo no vivimos en nuestra verdad. Yo pienso que una de las invitaciones de la verdad es a conectarte con tú verdad. Estamos muy desconectados no solo de la naturaleza, también estamos desconectados del alma.

¿Qué es el alma?, es eso en donde cada uno de nosotros sabemos que vinimos al mundo a traer regalos. La naturaleza humana es ser seres de sueños, seres de amor, creadores, donde uno siente que el mundo hay que recrearlo ante esta destrucción masiva que estamos viviendo de los ecosistemas y de los sistemas sociales.

¿Qué deberíamos hacer a diario los colombianos que a veces no pensamos en el conflicto?

H.A.: Cuando hay tanto caos afuera, tenemos que reconectarnos con nosotros y encontrar qué nos enraíza a la vida. Es un momento de conectarnos con la verdad en nosotros, porque siento que desde ahí es que podemos ayudarle a Colombia a conectarse con la verdad.

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