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Comisión de la Verdad

“Detrás del flagelo del reclutamiento vienen un sin fin de vejámenes”

Relatos de Luz López y Carmenza, víctimas de anticoncepción forzada y abuso sexual dentro de las filas de las desaparecidas FARC-EP.

INFORME ESPECIAL | Diciembre 15 de 2020

“Detrás del flagelo del reclutamiento vienen un sin fin de vejámenes”

“Sin haber comenzado una vida sexual, en una enfermería rudimentaria, nos hicieron implantes de dispositivos intrauterinos, era sentir como con pinzas halaban mi cuello uterino. No me preguntaron si quería implantarme la T, fue una orden”, contó Luz López durante el Espacio de Escucha de la Comisión de la Verdad ‘La violencia reproductiva en el conflicto armado: una verdad pendiente’.

Luz fue reclutada por las FARC-EP a los 13 años: “Nunca quise ser guerrillera, pero fue lo que me tocó, por la coyuntura de un país, por el abandono estatal”. Para ella el reclutamiento fue el momento en el que le cambió la vida, perdió la libertad y empezó a padecer: “Detrás del flagelo del reclutamiento vienen un sin fin de vejámenes”.

Carmenza tenía 12 años, cuando su padre fue asesinado por las extintas FARC-EP, por lo que fue a vivir con su madre biológica. Pero allí empezó a sufrir acoso sexual de su padrastro. Su madre no le creyó y la echó de la casa, fue entonces cuando Carmenza fue auxiliada por el grupo que había asesinado a su padre, le ofrecieron comida, un lugar seguro y la invitaron a hacer parte del grupo.

“Cuando llegué al campamento me di cuenta que el trato era general para hombres y mujeres, nos tocaba muy duro. Luego empecé a sufrir abuso sexual por parte de los comandantes. Me tomaban citologías sin saber por qué o para que, nos obligaban a planificar cada mes, nos ponían medicinas, decidí escaparme pues presencié abortos, muertes, fusilamientos de mis compañeros y eso empezó a crear un trauma en mi vida” contó Carmenza durante el Espacio de Escucha.

Una vez le implantaron el dispositivo intrauterino conocido como la T, Luz duró ocho días en los que el dolor no la dejaba caminar, y los fármacos no lo mitigaban. Además, como ya podía tener relaciones sexuales sin riesgo de embarazo, los hombres empezaron a buscarla y abusaron de ella: “Ver cómo un hombre se pasa contigo, para ellos una niña es un trofeo, no era ese momento como cualquier mujer lo sueña, era sentir las manos de un hombre ruin. Eso es abuso, mi cuerpo es un territorio privado, yo debo decidir si lo pueden tocar o no”.

Según el Centro de Derechos Reproductivos, la anticoncepción forzada, utilizada de forma sistemática dentro de las filas de las FARC-EP, también se reportó en la guerrilla Ejército Revolucionario Guevarista (ERG) y el grupo paramilitar Autodefensas Campesinas del Casanare y Bloque Norte. Y no solo esto, sino que, según el Centro, también existen evidencias de ser una práctica impuesta por grupos paramilitares a mujeres que ejercían el trabajo sexual en zonas específicas del país.

El control se implementaba sobre las mujeres y no era común el uso de anticoncepción ni esterilización masculina. Se hacía a través de métodos anticonceptivos hormonales como inyecciones o implantes y dispositivos intrauterinos, sin importar la edad o condiciones de salud de las niñas, jóvenes y mujeres, y en algunos casos, como el de Luz, en condiciones rudimentarias, ocasionando impactos en su salud física y mental.

“Este flagelo en mí dejó daños psicológicos, dejó la pérdida de un ovario, por años deseé el suicidio. Soy hija única, por nueve años estuve lejos de mi casa, esto dejó el desmembramiento de una familia. Al volver mi madre estaba loca, mi abuela no existía y esta niña había perdido los mejores años de su vida por causa de personas mayores de edad, que eran razonables pero que no actuaron razonablemente”, expresó Luz.

Salir de las filas de las FARC-EP, no era fácil para estas mujeres, quienes, a pesar de haber sido víctimas de violencias dentro de las filas de esta guerrilla, sabían que al desmovilizarse debían responder por los crímenes cometidos dentro de una guerrilla en la que fueron reclutadas siendo menores de edad. “Me entregué en el batallón de Cali, donde tengo que agradecer mucho a los soldados se comportaron bien conmigo, luego de 15 días me mandaron para Bogotá y allí estuve por varios meses en la cárcel el Buen Pastor”, contó Carmenza y finalizó su relato exigiendo: “Quiero aprovechar este espacio para darle un mensaje a las FARC: por favor digan la verdad de los hechos para aliviar el dolor de muchas familias. Y para la sociedad en general: por favor no nos juzguen, no somos perfectos y cometemos errores. Señor Gobierno: por favor cumplan lo prometido lo pactado en Cuba puesto que muchos reinsertados aún no tenemos un techo propio donde vivir con nuestros hijos”.

Luz concluyó haciendo un llamado al reconocimiento de estos hechos: “Hoy después de 25 años tomé la decisión de hablarlo porque quiero que sean visibilizados todos los vejámenes que se cometen dentro del conflicto armado. No tratemos de ocultarlo, porque mientras no se visibilicen los victimarios, no reconocerán este hecho. El pleno respeto de estos derechos permite dar la vuelta a la hoja para mirar hacia adelante, pero sólo después de haber entendido qué fue lo que pasó, por qué pasó y haber entendido a las víctimas. Quiero despedirme con una frase “Si la guerra de por sí es cruel, cuando ésta decide vincular a los niños y a las niñas ya no queda ningún rastro de humanidad””.

Estos relatos se presentaron durante el Espacio de Escucha ‘La violencia reproductiva en el conflicto armado: una verdad pendiente’, conozca otros relatos y más detalles sobre este evento en las siguientes entregas de este especial. 

 

Inicio ► La violencia reproductiva en el conflicto armado: una verdad pendiente

Entrega 1 ► “Detrás del flagelo del reclutamiento vienen un sin fin de vejámenes”

Entrega 2 ► “Ustedes acá no vienen a criar niños, vienen a contribuir al pueblo”

Entrega 3 ► “Que el Estado no se haga el que no es con ellos, porque es a un pueblo al que está dañando”

Entrega 4 ► “Nos mandaban a capar para que no tuviéramos hijos”

Entrega 5 ► “No se imagina el dolor tan grande que puede producir una guerra siendo mujer”

Entrega 6 ► “La justicia, la verdad y la reparación a las víctimas de violencia reproductiva han sido extremadamente limitadas”

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