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Comisión de la Verdad

El barrio de invasión más grande de Colombia es el punto de partida para el esclarecimiento de la verdad en Caquetá

La Comisión de la Verdad visitó Las Malvinas, un asentamiento urbano habitado por víctimas del conflicto armado en el norte de Florencia. Los relatos de esta comunidad ayudarán a trazar una ruta de investigación en el departamento.

Febrero 27 de 2019

Así se ve Florencia, Caquetá, desde el mirador del barrio Las Malvinas. Dos de cada diez habitantes de esta ciudad viven, según el PNUD, en asentamientos informales.

La noche del 13 de agosto de 1982 cuarenta familias campesinas llegaron a una loma del norte de Florencia, Caquetá. No traían más que trozos de plástico con los que armaron cambuches improvisados para pasar la noche. Estaban cansados, agobiados. Venían desde Puerto Milán, Belén de los Andaquíes, San José del Fragua, Morelia, Curillo, Albania y otros municipios del sur del departamento. “Huíamos de los enfrentamientos entre el M19 y el Ejército Nacional, pero también de los operativos militares y del Estatuto de Seguridad del presidente Julio César Turbay, que hizo invivible la vida en el campo y convirtió a los campesinos en blanco de la represión militar”, cuenta Octavio Collazos, una de las personas que llegó esa noche al lugar que más adelante sería conocido como la invasión más grande de Colombia y de América Latina.

Al día siguiente llegaron 50 familias más. Dos meses después, eran mil. Y un año más tarde, casi 4.000. Luego empezaron a llegar personas de Montañita, El Paujil y Doncello, pueblos del norte de Caquetá. Se instalaron en cambuches y, con el tiempo, construyeron casetas con tejas de zinc. El asentamiento no paró de crecer. Nada pudo frenar la llegada de desplazados al barrio: ni las acciones legales que interpuso la familia Lara -dueña de la hacienda donde estaba el terreno ocupado-; ni los intentos de desalojo de la Policía; ni la militarización de los alrededores del asentamiento -que fue cercado con de tanques de guerra-; ni la estigmatización de los ocupantes -que fueron señalados de pertenecer al M19-.

 

“La comunidad se organizó y, como unos meses antes se había dado la invasión de las islas Malvinas de Argentina por parte de los británicos, decidimos bautizar al barrió así: Las Malvinas. Luego se conformó la Junta directiva de Provivienda y los líderes comunales empezamos a trabajar para mejorar las viviendas del asentamiento”, cuenta Octavio.

Dos años después, los vecinos consiguieron legalizar el barrio. Ante la constante movilización de la comunidad, la administración municipal de Florencia facilitó una negociación con los dueños de los predios, quienes accedieron a venderles la tierra a las familias desplazadas.

Desde el día de su fundación, Las Malvinas no ha dejado de recibir víctimas del conflicto armado. “Bajo estas tejas de zinc – dice Walter Restrepo, otro de sus fundadores- “viven los dueños de muchas verdades todavía desconocidas que merecen ser escuchadas”. Y como este barrio ha sido testigo de tantas historias, el equipo de la macroterritorial Orinoquia-Amazonia de la Comisión de la Verdad ha decidido empezar allí su despliegue territorial por Caquetá.

“Sus relatos nos van a ayudar a trazar la ruta de dolor que recorreremos en este departamento. Queremos entender por qué están aquí, por qué dejaron sus pueblos, quiénes y qué circunstancias los obligaron a huir; queremos caminar los caminos por los que ustedes anduvieron cuando se desplazaron y queremos llegar hasta los lugares que abandonaron para seguir indagando allí por las causas de esta guerra”, les dijo el comisionado Alfredo Molano a los fundadores de Las Malvinas durante la primera visita de la Comisión al barrio.

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