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Comisión de la Verdad

El ejemplo de persistencia de las mujeres buscadoras en el Magdalena Medio

A partir de la escucha que inició en el 2019, la Comisión de la Verdad generó un proceso de reflexión social sobre los impactos de la desaparición forzada y el reconocimiento de la lucha continua de los familiares.

TERRITORIOS | Abril 15 de 2020

El ejemplo de persistencia de las mujeres buscadoras en el Magdalena Medio

Nota: Este texto contiene los relatos y las cifras de dos informes sobre desaparición forzada en el Magdalena Medio que fueron entregados, por distintas organizaciones, como insumo a la Comisión de la Verdad para el desarrollo de su investigación . 

 

En el Magdalena Medio, dos informes entregados por las víctimas de desaparición forzada, fortalecen la escucha y el análisis que la Comisión de la Verdad realiza para develar las causas que hicieron de la desaparición una forma de borrar generaciones de jóvenes. Personas que son buscadas sin cesar por sus familias y por organizaciones que resisten la violencia.

Según cifras del Registro Único de Víctimas (RUV), en los 44 municipios del Magdalena Medio han sido desaparecidas forzadamente más de 12.000 personas entre 1984 y 2018, una penosa realidad que llena de dolor las familias. En 2019, la Comisión de la Verdad avanzó en la escucha de los relatos de las mujeres, familiares y organizaciones y se encuentra realizando los análisis y procesamiento de sus testimonios.

Entre 2019 y lo que va del 2020, las entidades del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (Comisión de la Verdad, Jurisdicción Especial para la paz y Unidad para la Búsqueda de personas dadas por Desaparecidas) han recibido en el Magdalena Medio dos informes de parte de las víctimas de desaparición en la subregión del Magdalena Caldense.

El primero de estos informes, fue entregado por varios colectivos de víctimas y el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo y se titula ‘Telarañas de la impunidad’, documenta las voces de resiliencia frente a la violencia estatal-paramilitar en el Magdalena Medio ocurrida entre los años 1998 y 2000; el segundo informe fue realizado por FUNDECOS, EQUITAS y el CEDAT de la Universidad de Caldas y se denomina ‘Plan regional integral de búsqueda de las personas desaparecidas en la región del Magdalena Caldense’.

Según cifras del informe de las organizaciones de víctimas y la Universidad de Caldas, en La Dorada se registran cerca de 1.400 desaparecidos y en Samaná 800, que junto a las cifras de Victoria y Norcasia se acercan a los 2.500 desaparecidos. En el Magdalena caldense La guerra desapareció del territorio a jóvenes campesinos, obreros e informales con edades entre los 18 a 25 años como una estrategia de dominio de la tierra, aleccionamiento y terror, por parte de los responsables.

Según el Centro de Nacional de Memoria Histórica en su libro 'Hasta encontrarlos' de las 59.203 víctimas de desaparición de quienes se conoce su sexo el 87,8% son hombres y el 12,2% son mujeres, de ahí que la dolorosa y persistente tarea de buscarlas haya recaído en las mujeres. “Hemos llevado una lucha silenciosa y persistente, nos hemos rodeado de amigos y amigas que nos han impulsado para no desfallecer en la búsqueda de nuestros seres queridos desaparecidos”, afirman las mujeres en un fragmento de una carta escrita por las buscadoras del Magdalena Medio.

 

La persistencia que enseñan las buscadoras de desaparecidos

En Colombia, las labores de búsqueda, memoria y verdad y los costos emocionales, financieros y de seguridad han recaído fundamentalmente en las familias. “Ha sido difícil porque no nos creen, nos ridiculizan, nos amenazan, nos estigmatizan, y lo más triste es que hay abuelos y abuelas que se nos están muriendo de legítima tristeza” señalan algunas de las víctimas.

“¡Lo quiero encontrar!”, grita Elizabeth, pensando en su padre, pues con ella son muchas las voces, de las viudas, de los huérfanos, de los padres y madres. La verdad que claman las buscadoras de desaparecidos parece estar sepultada en las fosas comunes usadas por las organizaciones armadas.

Las mujeres buscadoras hacen reflexionar sobre algo que hoy cobra más sentido: el significado de perder a un ser querido. “Se necesita que todos seamos unidos y necesitamos ser oídos, todos tenemos el mismo sufrimiento y que en ese sentido todos nos entendemos porque tenemos el mismo padecimiento, que el gobierno atienda nuestros pedidos, para que no se repita, tengamos una convivencia sana y todos quedemos en paz”, enfatiza Elizabeth.

Con el objetivo común de visibilizar el crimen de la desaparición y presionar la respuesta estatal, las buscadoras y sus familiares han conseguido que en el país se reconozca el delito de la desaparición forzada. Lograron en 2010, la Ley 1408 que constituye el Plan Nacional de Búsqueda, y en 2016 que el Acuerdo de Paz incluyera a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas en el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.

“No busco solo a mi hijo, busco a más personas que están desaparecidas y que de pronto son de otras regiones”, expresa Gloria a quien las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio comandadas por Ramón Isaza le desaparecieron a su hijo el 10 de febrero de 2001.

 

Revelaciones tras la desaparición

Según el ‘Plan regional integral de búsqueda de las personas desaparecidas en la región del Magdalena Caldense’, todos los responsables revelaron distintas prácticas al efectuar las desapriciones, 100 casos de 187 documentados dan cuenta del accionar de los paramilitares quienes desmembraban a sus víctimas con el objetivo de ejercer control con el terror y dificultar el juzgamiento de estos delitos desapareciendo evidencias. Mientras que las FARC en los frentes 9 y 47, especialmente en Samaná, efectuaron desapariciones al reclutar niños, niñas y adolescentes, contra su voluntad o persuadiéndolos a enlistarse en sus filas.

El informe también dice que el grupo M.A.S conocidos como “masetos” actuó en conjunto con alcaldías y batallones de Puerto Boyacá, Honda, Puerto Salgar y Puerto Berrio. Sus actuaciones se concentraron en desaparecer los movimientos sociales y líderes de movimientos de oposición como la Unión Patriótica. Según el ‘Plan Regional de búsqueda de personas desaparecidas en la región del Magdalena caldense’, la fuerza pública es responsable de forma directa por casos de desaparición y ejecuciones extrajudiciales, y de forma indirecta por señalar a víctimas como auxiliadores de la guerrilla, quienes luego eran desaparecidos, y por omisión ante los retenes ilegales de las autodefensas.

Las buscadoras llevan décadas tras las pistas de sus familiares, en el recorrido por las instancias que pueden apoyarlas en la investigación se encuentran con otras buscadoras, tejen lazos de solidaridad y apoyo que contribuyen a su persistencia en ir por la verdad.

A las viudas, las madres, las hermanas, les podrán arrebatar todo, pero nunca la actitud de persistir, de esa apuesta de estas mujeres por la vida podemos aprender todos los colombianos. “Para conocer la verdad debemos de tocar muchas puertas, y aunque muchas han sido inútiles, para encontrarlos debemos tener unión, una sola golondrina no hace llover, pero varias si lo pueden hacer”, personas como Gloria, se han organizado para tocar puertas, lograr respuestas y lograr resultados. Ahora, ven con esperanza que las víctimas cuenten con el respaldo de un sistema integral.

Son estas mujeres, quienes, unidas, logran darle un sentido diario a la búsqueda de la verdad, favorecen los procesos de esclarecimiento, y con esto, contribuyen a reparar los tejidos de la sociedad y logran transformar las realidades vividas en un futuro con dignidad y esperanza.

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