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Comisión de la Verdad

El Monte de la Pasión

Pobladores de las veredas de Yolombó, Antioquia, escribieron lo que recuerdan sobre la etapa más cruda del conflicto armado. Estos cuadernos, a los que les han llamado ‘Bitácoras’, están en el Salón de la Memoria del municipio.

BITÁCORAS DE YOLOMBO | Abril 16 de 2020

El Monte de la Pasión

Esta historia sucedió en el año 1998, aproximadamente. Un día de lluvia en la madrugada, cuando el reloj marcó las tres, desperté asustada al escuchar detonaciones de balas a lo lejos, en dirección a la vereda El Cairo, y los ruidos estridentes de una almádana que golpeaba la puerta y la ventana de una casa vecina. Eran paramilitares que intentaban sacar a la fuerza al señor, para matarlo. ¡Y lograron su objetivo! Él fue torturado de la manera más atroz. Le echaron ácido, lo arañaron con arma blanca, le cortaron la yema de los dedos y después le apachurraron la cabeza con la almádana.

Eran las 5:30 a.m. Había total silencio y nos atrevimos a salir para presenciar lo ocurrido. Lo primero que observamos fue un arroyo de sangre que corría por los andenes. Ya cuando nos dirigimos al lugar de los hechos, nos encontramos con semejante escena macabra.

Otra historia fue cuando nos sacaron de las casas. Formaron con nosotros dos filas, a lado y lado de la calle, para presenciar cómo torturaban a la señora N antes de asesinarla. A ella la sacaron de la casa; estaba bañando a la nieta de meses de nacida, que quedó en la bañera. Luego del crimen, Juli, la hija de N, estaba tirada en la calle gritando su dolor, y esa gente la obligó a callarse con insultos y amenazas, también apuntándole con el fusil.

Otra fue cuando hicieron venir a un señor a pie desde la Proveedora, y sin dejarlo descansar, lo acribillaron a balazos. La calle quedó inundada de sangre. Y, por ese estilo, cuando menos se esperaba, encontrábamos cadáveres en los lugares oscuros y aislados del pueblo.

También recuerdo cuando trajeron a una señora del municipio de Yalí. La amarraron a un árbol del parque como si fuera una res. En el pecho tenía un letrero que decía “si le dan de comer y beber, también los matamos”. El sacerdote del pueblo le dio de comer y beber. Luego, por eso y por proteger a otras personas, lo hicieron ir. Pero, volviendo al tema de la señora, a ella la tuvieron todo el día amarrada y luego la llevaron al puente, donde la degollaron y le amarraron el brasier al cuello.

Lo último fue cuando “los paras” se metieron a mi casa. Ellos buscaban al señor Guillermo, cuñado de mi esposo. Mientras unos lo buscaban, otros me apuntaban con el fusil a la cabeza. Mis hijos, que eran aún muy pequeños, me preguntaban si él iba a matarme y él, muy agresivo, me reprochaba porque los niños decían esas cosas. Yo le respondí que eso era lo que estaban presenciando en la actualidad. Por último, me dijeron que abandonáramos el pueblo.

También recuerdo que tiempo después de toda esa violencia, y cuando los grupos al margen de la ley abandonaron el pueblo, con unos vecinos recorrimos algunos espacios y encontramos lugares de la escena macabros. Por ejemplo, en un monte que bauticé El Monte de la Pasión se apreciaban árboles chorreados de sangre, pedazos de tela ensangrentados, escarbaderos, tumbas cavadas y olores putrefactos. En otro sector se apreciaban tumbas con personas medio enterradas: manos asomadas, pedazos de ropa y otros. También encontramos un señor colgando en un alambre de púas.

Gracias a Dios, hemos superado muchas cosas. Todavía hay heridas por sanar, pero la vida continúa.

 

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