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Comisión de la Verdad

“Es muy difícil vivir con tanto dolor”

Sonia Edith Calibío Castillo, 54 años, su hijo tomó vacaciones de la Armada para visitarla pero nunca llegó a casa.

CARTA BUSCADORAS | Agosto 16 de 2019

“Es muy difícil vivir con tanto dolor”

Cali, 2 de agosto de 2019

Estimada comunidad estudiantil:

La presente es para saludarlos y espero se encuentren bien, en unión de los suyos.

Mi nombre es Sonia Edith Calibío Castillo y soy de Cali. Vivo en el jarillón de Comfenalco, nororiente de Cali. Tengo 54 años y estoy casada con Jairo Ever García.

Soy una mujer de origen humilde y vengo del campo, con una crianza a “la antigua”, como dicen los chicos de hoy. No había energía, sino velas. No había equipo de sonido, sino radio que solo usaban papá y mamá. No había televisión, mucho menos celulares para llamarnos, sino los gritos de mi madre que decían: -¡Ya para adentro; a bañarse y acostarse!

Tenía 16 años cuando falleció mi madre. Fue un golpe muy duro, porque fue justo el día de la madre. Yo estaba muy pequeña y no entendía lo que se venía cuesta abajo con esta gran pérdida. Yo no sabía hacer nada, todo lo hacía mi madre.

Comenzó mi gran sufrimiento, porque tuve que asumir mi responsabilidad como hermana mayor de cinco hermanos que quedaron más pequeños. Mi padre fue muy enamorado y al pasar un año nos trajo madrastra, pero no supo escoger a la mujer correcta. Fue un calvario. La mujer era menor para mi papá. En adelante se hacía lo que ella decía. Tenía más mando que mi padre al punto de provocar que nos castigaran por todo.

El tiempo pasó, hasta que cumplí 18 años, cuando me enamoré y conocí al padre de mi primer hijo. Lo tomé como la salida a tanto sufrimiento y me volé de la casa. Todo marchaba bien, hasta que quedé en embarazo de Luis Alberto. No le gustó para nada, a los tres meses de gestación me abandonó.

Con él aprendí a fumar y a tomar trago. Lo hacía cada ocho días. No tuve quién me guiara en ese momento y no debía hacerlo por mi bebé. Alicorada, tuve una caída de mi propia altura el 29 de septiembre de 1984 y el 1 de octubre me hospitalizaron para dar a luz. Nació sietemesino.

Desde entonces aprendí a trabajar y a progresar, pues ya tenía una razón para seguir adelante. Habían pasado dos años cuando conocí al hombre bueno y noble que me acompaña hasta ahora. Reconoció a mi hijo, le dio su apellido y me brindó apoyo cuando más lo necesité. Me enamoré y nos casamos por la iglesia católica, tuvimos dos hijos más y seguimos adelante.

A los 18 años, mi hijo mayor tomó la decisión de ser militar y se enlistó en la Armada Colombiana, le tocó en la base de Coveñas, en el departamento de Sucre, al norte del país. Su sueño estaba cumplido, pero inició mi sufrimiento: el 30 de septiembre del año 2011 tomó una licencia que utilizaría para venir a visitarnos.

Eso fue lo último que supe de él. Han pasado ocho años desde entonces y no tenemos idea de su paradero. He viajado en 7 oportunidades a la costa con mis propios recursos sin tener razón de él. Hoy acudo a la Organización CDR (Organización para la asistencia de familiares de personas dadas por desaparecidas) en donde recibo apoyo psicológico y he podido conocer a más madres con el mismo dolor: la desaparición de un familiar.

En este momento quisiera encontrar a mi hijo, sea como sea y que el Gobierno no nos deje solas, porque es muy difícil vivir con tanto dolor. Las madres de personas desaparecidas llevamos un dolor eterno.

De antemano quedo muy agradecida por la atención prestada. Les envío un caluroso saludo y les deseo la mejor de las suertes.

Atentamente: Sonia Edith Calibío. Mujer buscadora.

 

 Si quiere responder a esta persona, puede hacerlo a través de este número de WhatsApp, por medio de un texto, un video o un audio: 3188273862

También, puede dejar un mensaje en redes sociales utilizando el numeral #RenocemosSuBúsqueda.

 

carta sonioa

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