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Comisión de la Verdad

“O superamos la exclusión y nos consideramos iguales o aceptemos vivir en la victimización, la incertidumbre y la injusticia para siempre”

Palabras de Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, durante la apertura del Encuentro por #LaVerdadDelPuebloNegro

ENCUENTRO POR LA VERDAD | Diciembre 11 de 2020

“O superamos la exclusión y nos consideramos iguales o aceptemos vivir en la victimización, la incertidumbre y la injusticia para siempre”

 

Gracias a los pueblos negros, a las comunidades afro, a los líderes y lideresas, a la Guardia Cimarrona, que traen las tradiciones del continente africano donde aparecimos los seres humanos. Gracias a las mujeres negras, a Ángela Salazar que nos acompaña desde lo más hondo, a los niños y niñas afro que son alegría, intuición, fortaleza espiritual y física. La etnia negra es la de la resiliencia y la resistencia, que no se dejó vencer por la brutalidad de los que tuvieron el poder en un momento de la historia: los blancos, los europeos, la llamada civilización occidental. Gracias porque ustedes vuelven con la fuerza y la pasión de lo que fue la raza humana en sus orígenes, gracias porque este es el tiempo de su mensaje para todos nosotros sobre la grandeza del ser humano en la igualdad y la fraternidad.

La Comisión de la Verdad les agradece a todas y todos ustedes el que hayan querido venir físicamente y virtualmente en tiempos del COVID-19 a este acto que pone un punto de realismo dentro de las murallas de Cartagena, que fue posiblemente el mercado de esclavos más grande del continente. Aquí, como escribió hace cuatro siglos un compañero jesuita, el padre Sandoval, depositaban como animales la carga de los barcos llenos de mercancía humana para venderlos en la feria de ganado y de caballos.

Aquí mismo estamos hoy para honrar toda la sangre negra derramada en Colombia y en América durante más de 400 años. Estamos para hacer sentir el grito de dolor y de indignación de quienes fueron vendidos como mercancías, de las mujeres y los hijos separados por los amos para cambiarlos por dinero. Estamos para honrar a quienes murieron defendiendo con el corazón y con palos a los palenques. Y estamos también para reconocer como sociedad la estúpida manera de humillar a nuestros ciudadanos y ciudadanas negros en este país donde se dice con mentira que todos son iguales ante la ley y los derechos.

Y estamos aquí en esta Comisión para el esclarecimiento de la Verdad en el conflicto, porque paradójicamente el conflicto en su barbarie hizo que todos perdiéramos en Colombia, pero que perdieran más y fueran afectados más los negros, las hermanas y los hermanos venidos de la grandeza afro, junto con los indígenas y los rrom.

La verdad que ustedes entregan en sus testimonios es de ahora, de los últimos 20 o 50 años, y es al mismo tiempo la revelación de una verdad de ignominia y de crímenes que ha estado silenciada, negada y enterrada por la cultura racista y ante la cual tenemos un desafío que no da espera. O superamos la exclusión y nos consideramos radicalmente iguales en esta Colombia, o aceptemos vivir en la victimización, la incertidumbre y la injusticia para siempre, como el más incapaz de los pueblos, que no tiene derecho a llamarse pueblo de humanos.

A pesar de ser este un país católico y cristiano que afirma que todos nos podemos sentar como hermanos y hermanas con igualdad de derechos en la misma mesa, a pesar de la Constitución que dice que todos somos iguales como ciudadanos y protegidos por igual por las mismas leyes, nosotros sabemos que eso es mentira.

Aquí hay ciudadanos de primera y de segunda. Ustedes los negros, brutalmente, estúpidamente, racistamente, han sido mantenidos como los colombianos de segunda. Así los han tratado los gobernantes. Por eso el abandono del Chocó, del Cauca Pacífico, de Buenaventura, de los palenques de la Costa Atlántica.

Aquí en este país, por la ignorancia y la injusticia incorporada y mantenida por siglos en la educación y la dominación sobre la cultura, ha habido y sigue habiendo, para mal de todos y de todas, la diferencia entre gente que se merece más respeto y gente que se merece menos respeto o que no se merece respeto. Y ustedes han sido puestos en el patio de atrás, y su palabra ha sido considerada como menos importante, y se han hecho mil acuerdos entre ustedes y los que se consideran más respetables, y esos acuerdos se les han incumplido porque se considera que lo pactado con ustedes es pactado con seres inferiores, con ciudadanos de segunda clase y que por eso se pueden despreciar y taimar.

Ustedes fueron y siguen siendo tratados con la misma infravaloración e irrespeto por la guerrilla que cayó sobre el Pacífico, sobre Tumaco y el alto San Juan; por el paramilitarismo en el Bajo Atrato y en Urabá; por los criminales del narcotráfico en Buenaventura. Sus mujeres bellas fueron utilizadas como botines de guerra. Sus niños fueron llevados a un conflicto que no era de ellos.

Por eso, para la Comisión de la Verdad profunda, el racismo está a la base de nuestro conflicto a muerte sin término. Ustedes nos han ayudado a comprenderlo. A tomar consciencia de ello.

Por eso se hizo natural entre nosotros la desigualdad. E hicimos instituciones y poderes y formas de seguridad que protegen la inequidad económica en una de las naciones más desiguales del mundo en educación, distribución de la propiedad, el ingreso, el acceso a la tierra y el pago de salario.

Los estudios que hoy tenemos muestran que las sociedades más igualitarias y más equitativas en educación y en ingresos y propiedad son las más tranquilas, las más democráticas, las más seguras. Donde la gente se siente más feliz y hay menos incertidumbres.

Esas sociedades están basadas en una ética, una cultura, donde todos y todas son considerados y tratados como radicalmente iguales, con los mismos derechos y deberes, y donde el Estado está al servicio de todas y todas sin aceptar ningún trato preferencial odioso; sociedades donde se busca vivir en serio sin excluir a nadie, ni por el color de la piel, ni por vivir en el campo y no en la ciudad, ni por la forma como hablan. Donde todo el mundo se da el mismo respeto. Por eso finalmente no se matan. Por eso es natural que haya en esas sociedades la mayor igualdad posible en educación, ingreso, seguridad.

Pero hoy sabemos que las sociedades más inequitativas del mundo, como Colombia, e inequitativa especialmente con los negros y los indios y los campesinos; son inequitativas porque los sectores dirigentes, los líderes, la clase media alta y la clase alta, consideran natural que ellos y ellas, los de arriba, son más importantes, merecen más respeto, tienen más derechos que los demás. Y si los demás, los negros, los indios, eso que llaman el pueblo, viene a pedir ser tratado como igual, se lo rechaza por las buenas o por las malas. Así los han tratado a ustedes las instituciones, las empresas, las escuelas, la guerrilla, los paramilitares y todos los que formamos esta sociedad.

Pero estamos aquí con ustedes para mostrar que otra Colombia es posible. Que podemos construir un país basado en la verdad de la tragedia de millones de víctimas, para unirnos en el rechazo a lo que es definitivamente intolerable. Para afirmar ante el mundo que sí somos capaces de ser seres humanos.

Que la solución no es la guerra, ni la violencia, ni la exclusión, ni el racismo.

Y ustedes pueblos del origen de la humanidad nos tienen que ayudar a encontrar el camino. Ustedes tienen una autoridad moral mayor porque han conocido en siglos de dolor la humillación, la negación de la libertad, el despojo de sus propios cuerpos, la invasión de los territorios donde sus comunidades se refugiaron y consolidaron, la violación de sus mujeres. Ustedes pueden hablarle a Colombia, desde la verdad de su dolor, sobre la reconciliación que nos debemos, sobre la dignidad que solo es posible cuando es igual para todos y todas. Ustedes pueden ayudarnos a establecer los caminos de la no repetición de lo intolerable.

Gracias por invitarnos a todos y todas a construir esta marcha hacia la convivencia.

 

Vea aquí el Encuentro por la Verdad #LaVerdadDelPuebloNegro en su totalidad

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