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Comisión de la Verdad

“Hemos visto el vacío del Estado cuando se lo esperaba con esperanza en los territorios”: Francisco De Roux

Estas fueron las palabras de Francisco De Roux, presidente de la Comisión de la Verdad en el cierre del primer ciclo de los Diálogos para la No Repetición ‘Larga vida a los hombres y mujeres líderes sociales, y defensores de derechos humanos’.

DIÁLOGO | Diciembre 05 de 2019

“Hemos visto el vacío del Estado cuando se lo esperaba con esperanza en los territorios”: Francisco De Roux

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Quiero empezar por agradecerle a los líderes campesinos, indígenas y afro que están aquí presentes venidos desde los territorios donde estuvimos conversando. Por supuesto agradecer a la Comunidad Internacional y a las instituciones del Estado.

Lo que voy a decirles está dividido en cuatro puntos básicos. ¿En qué momento estamos? ¿Qué hemos encontrado? ¿A qué nos responsabilizamos los miembros de la Comisión de la Verdad? Y ¿qué responsabilidades esperamos que ustedes, los presentes, asuman?

 Primero en qué momento estamos. Hace un año la Comisión de la Verdad se propuso dialogar públicamente los asuntos difíciles que tenemos que encarar como sociedad y como Estado para que no continúe y no se repita el conflicto armado interno.

 Hoy en el paro nacional estamos en un momento que podemos llamar de ‘metapolítica’, en que la gente ha desbordado los partidos porque no canalizan sus expectativas, en que se multiplican las razones de la indignación, en que toma mucha fuerza reclamo contra la exclusión, el racismo y sobre todo la desigualdad social o la inequidad como la llamamos.

 Donde hay incertidumbres y en algunos sectores miedo, y sobre todo hay la esperanza de los jóvenes, no a una Primavera Árabe, sino a una nueva navidad en Colombia, hacia el nacimiento de un nuevo país.

 En este contexto, gran parte de la sociedad, y sobre todo los jóvenes, están en una posición muy definida de “No tolerar más lo intolerable”. Y es aquí donde la Comisión encuentra este primer diálogo público centrado en el respeto por la vida humana. Pues si hay silencio e impunidad cuando asesinan a unos niños o a un estudiante o a un policía, y no nos importa, es evidente que hemos perdido el más importante de los valores personales y colectivos.

Pero además, si asesinamos a quienes debían ser ejemplo para todo el país, a nuestros líderes sociales y los líderes las comunidades y los territorios, 4.756 asesinados desde el año 86, pues estamos en un horizonte donde estas personas que trabajan sin armas para dar protección y esperanza a las comunidades...al ser muertos como los están matando, ponen en evidencia que la dignidad de nosotros como Nación y como pueblo se ha hundido y, quiero decirlo, somos un escándalo ante la Comunidad Internacional.

 ¿Qué verdad recibimos? Pasando a este segundo punto. Las preguntas que nos hicimos ante esta realidad y estuvimos conversando fueron: ¿Por qué continúan los asesinatos de líderes y de lideresas sociales hoy? ¿Quiénes están detrás y quiénes se benefician de estos asesinatos? ¿Cuál es la relación entre el asesinato de líderes y lideresas y la implementación del acuerdo final de paz? ¿Cuál es el impacto diferencial sobre los pueblos étnicos tras el asesinato de sus líderes? ¿Cuál es la relación de los asesinatos con la continuación del conflicto?

Estas preguntas dieron lugar a reflexiones de participantes, que sobre todo nos dieron luces sobre el modelo de desarrollo en el campo, la exclusión de los mercados y la inmensa incomprensión de la propiedad y el desarrollo de los territorios étnicos, la impunidad, el incumplimiento del Estado y los obstáculos para la implementación del acuerdo de paz.

También captamos como las regiones hablan desde sí mismas, desde el interior de sus comunidades, desde sus problemas concretos e invitan a una urgencia de seguir dialogando en un diálogo que acoja a todo el país.

Hallazgos fundamentales que encontramos en esto y quiero empezar por decirles que tenemos plena conciencia de que nos falta mucho en esta búsqueda a nosotros como Comisión de la Verdad. Hemos captado la gravedad de las afectaciones personales en las familias de los líderes y sobre todo las durísimas afectaciones comunitarias cuando las comunidades, o tienen que huir o se sumergen en el silencio y en el miedo y quedan con profundas heridas.

Hemos visto el vacío del Estado cuando se lo esperaba con esperanza en los territorios que dejaron las Farc y por lo mismo el acrecentamiento de la insatisfacción por un Estado ausente.

Y hemos constatado la muerte de líderes que luchaban por acuerdos de bienes públicos en sus territorios. Con todo el derecho de que lleguen a ellos los bienes que la gente se merece por ser gente y que el Estado nunca cumplió.

Hemos visto cifras de cómo se comportan los asesinatos de líderes sociales en años pico que fueron muy fuertes, 1987, 1992, 1998 y el año 2003. Luego el descenso que se produjo y un alza nuevamente en el año 2016 hasta el año 2018.

Más en concreto hemos encontrado que hay un subregistro. Lo que estamos recibiendo de las comunidades muestra que hay otras personas, otros números que no han sido tomados en cuenta todavía.

En la mayoría de casos no se identifica quién es el autor intelectual y los aparatos criminales que están detrás y sus intereses. Las regiones donde más se han dado asesinatos contra líderes coinciden con las zonas donde han tenido presencia histórica los grupos ilegales y donde continúa el conflicto armado. Es ahí donde las comunidades nos piden que se entre nuevamente en la mesa de negociación con el Ejército de Liberación Nacional. La expansión del narcotráfico y la minería ilegal, apoyado por la corrupción, ha aumentado las agresiones y ha limitado la acción de los líderes sociales.

Con el tiempo se ha dado una diversificación de los liderazgos visibles y por ende atacados. Las distintas políticas públicas para confrontar este fenómeno no han dado resultado. Persiste en algunas regiones el control territorial de algunos grupos armados. Continúa la estigmatización contra líderes sociales. Los mismos líderes y las organizaciones nos presentaron propuestas: 

Favorecer medidas que permitan la presencia integral y efectiva del Estado y no políticas exclusivamente enfocadas en la presencia de Fuerza Pública.

Fortalecimiento de mecanismos propios de seguridad, como la Guardia indígena y la Guardia cimarrona.

Reconocimiento de la autonomía de autoridades étnicas y campañas contra la estigmatización.

Promover el diálogo abierto y diverso entre iguales, y ampliar y hacer efectivos los espacios de participación.

Implementación del Acuerdo final de paz y de compromisos históricos del Estado con las comunidades.

Finalmente, la superación del traslape entre los diferentes instrumentos de garantía de seguridad del Estado.

Ahora quiero decirles a qué nos comprometemos nosotros como Comisión para el esclarecimiento de la verdad. Primero nos comprometemos a ir por la verdad hasta el fondo. Es nuestra obligación con el país averiguar quiénes están detrás de estos asesinatos y la relación que tienen con las instituciones. Por eso seguiremos escuchando a las víctimas de todos los lados, a los responsables, cruzaremos informaciones, miraremos los intereses que están en juego. Nos comprometemos a trabajar con las comunidades a hacer caminos de convivencia y a trabajar con todos hacia la No Repetición de estos asesinatos.

¿Qué esperamos de ustedes? que se ponga como primer criterio de ser Nación respetar la vida de todos.

Esperamos de ustedes la determinación de contribuir a esclarecer a los responsables, los aparatos criminales detrás de estas dinámicas. Esperamos también el apoyo para la implementación del acuerdo final de paz.

Y con los jóvenes, esta determinación de parar lo que es intolerable en el país.

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