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Comisión de la Verdad

“En la guerra olvidamos vivir y pensar la vida como carijonas y ese daño es irreparable”

Indígenas carijona de Guaviare cuentan cómo la explotación del caucho, la vinculación de jóvenes a grupos armados, las políticas antinarcóticos, el abandono estatal, los atropellos del Ejército, entre otros factores, los llevaron al borde del exterminio.

TERRITORIOS | Agosto 09 de 2021

“En la guerra olvidamos vivir y pensar la vida como carijonas y ese daño es irreparable”

 

Actualmente, grupos pequeños de carijonas viven en zonas distantes entre sí, en los departamentos de Amazonas y Guaviare. Hacen parte de comunidades multiétnicas conformadas por campesinos y por indígenas de otras etnias. Su lengua, en peligro de extinción como su linaje, es hablada por pocos miembros de la tribu. El Censo DANE 2005 reportó 425 personas autorreconocidas como carijonas. Se estima que hoy no quedan más de 300.

En 2015, autoridades del resguardo de Puerto Nare, Guaviare, formularon una acción de tutela por la vulneración de derechos fundamentales que les causó la aspersión de glifosato sobre territorios consagrados a la autoridad y soberanía de la comunidad carijona, los cuales fueron fumigados sin que se realizara una consulta previa.

Aunque la Sala Quinta de Revisión de la Corte Constitucional falló a su favor en 2017, la comunidad sigue esperando que se cumpla la sentencia y el Estado adopte medidas efectivas para garantizar sus derechos fundamentales, así como para reparar y compensar social y culturalmente los impactos causados a la comunidad.

Mientras tanto, los y las carijonas del resguardo de Puerto Nare, Guaviare, se esfuerzan por rescatar de la extinción sus tradiciones con iniciativas comunitarias de transmisión de conocimientos y la realización del Dabucurí o Fiesta de la Abundancia, que se celebra cada ocho de diciembre en su resguardo.

 

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“Si alguna tribu tuvo vínculos directos con la Casa Arana, una de las casas peruanas explotadoras de caucho en estas tierras, fue la tribu carijona. La tribu carijona trabajó con las caucherías. La época de la cauchería en Miraflores se remonta a 1920, cuando las compañías estadounidenses, inglesas, francesas se volcaron por las selvas amazónicas a conseguir caucho. En Miraflores estuvo la Rubber Company, que empezó a comprar el caucho a muy buen precio. Pero vieron que el caucho necesitaba mano de obra, necesitaba personal para explotarlo, entonces dijeron qué mejor que conseguir familias que hagan el trabajo y fue cuando muchos de ellos tomaron la iniciativa de traer carijonas a estas tierras. Así, de esa manera, el carijona empezó a vincularse con la parte cauchera. Los patrones del caucho recorrían los barracones para vigilar a los trabajadores, para ver si producían lo suficiente. Cuando les hizo falta mano de obra, trajeron más carijonas de Caquetá y de Brasil. Llegaban en botes llenos de indios. Algunos patrones blancos eran muy duros. El trabajo del rayador de caucho era un trabajo mancillado”: Gabriel Mora, miembro del pueblo carijona.

 

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“En la misma época del caucho, vinieron unos padres misioneros para llevarse a los niños carijonas. Fue un diciembre. Yo tenía unos siete años. Llegaron de pronto en una canoa grande por el río Vaupés. Me atraparon y me llevaron a un internado para niños indígenas. No me acuerdo si sentí miedo o felicidad. Una vez allá, los curas no me querían devolver, decían que tenía que quedarme, obligatoriamente, con ellos. Nos enseñaron a rezar, a cantar, a hablar en español y ‘a no ser brutos’. A veces, nos daban garrote y, si hablábamos en carijona, nos hacían arrodillar en maíz. En ese internado muchos se olvidaron del idioma, pero a mí no se me olvidó cantar ni hablar en carijona”: Ana Benjumea, mujer carijona

 

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“La masacre que hizo el Ejército Nacional de Colombia ocurrió en octubre de 1982. Las noticias y el cruce de la información no era la mejor en ese entonces, y se dio allá un informe que en Puerto Nare había guerrilla y que la gente de ahí era guerrillera.  Entonces se prepara un operativo militar en Granada, el Batallón 21 de Vargas. El operativo llega, un coronel reúne la gente aquí en el casco urbano en una cancha de basquetbol. Y hacen una mentira de enfrentamiento y en ese enfrentamiento entonces matan a unas personas. El Ejército de Colombia asesina en la vereda de Puerto Nare a siete civiles de los cuales cuatro eran carijonas, incluyendo el último payé o médico tradicional que tuvo la tribu carijona”: Gabriel Mora, exconcejal de Miraflores

 

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La coca siempre fue de nuestros padres y de nuestros abuelos. Siempre estuvo aquí, nunca hizo falta. Era natural tenerla y mambearla. Mi papá y todos los hombres la mambeaban cuando pescaban y cuando cazaban. Así se concentraban en las labores. Los brujos la usaban, junto con el tabaco, para alentar a los enfermos. Nosotros no trabajábamos la coca, la usábamos para el diario vivir. Los colonos sí comerciaban la coca. Sembraron muchas matas y nosotros hicimos igual. La coca cultivada pa comercial trajo plata, pero también trajo desgracias”: Ana Benjumea, mujer carijona.

 

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“El carijona no fue el gran cultivador. El carijona no fue el gran narcotraficante, el que exportaba, fue la persona víctima de una situación, víctima de la escasez y del hambre del momento, como lo fuimos todos en esta zona. Fueron personas que al unísono con los campesinos marchamos en el mismo tren sobre una economía que prometía ser la mejor, pero que en realidad era un castillo de arena. Los programas del Estado de erradicación han dejado mucho qué desear porque han medido a todo el mundo con el mismo rasero”: Gabriel Mora, integrante del pueblo carijona.

 

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Hoy en día el carijona no es cultivador de hoja de coca. Se están haciendo unos planes de vida diferentes. El pueblo carijona ha entendido que está en extinción. Hay algunos acontecimientos como el de la masacre del 82 que han dejado una huella profunda y no son fáciles de olvidar. Y después del auge coquero va uno a las veredas y encuentra desolación, casas desbaratadas, uno dice se acabó mi pueblo”: Gabriel Mora, exconcejal de Miraflores

 

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“Se desbarató mi pueblo, se desbarató donde yo vivía bien, donde yo no tenía tanta prisa, no tenía tantos afanes Es como cuando uno pierde la patria chica. Cuando uno siente que se ha perdido todo eso da un poco de nostalgia. Había un patrimonio, había un legado, pero, más que eso, había una forma de vida diferente. Ya no es una forma de vida Eso ya no se recupera, una vida como la que tenían los carijonas, no, eso no se va a dar nunca otra vez”: Gabriel Mora, miembro del pueblo carijona.

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