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Comisión de la Verdad

“El 97% del tiempo en la insurgencia fue estar en la naturaleza, no en el combate”

El escritor Juan Álvarez y las excombatientes Doris Suárez e Isabela Sanroque serán las invitadas de este jueves en ‘Nombrar lo innombrable: conversaciones sobre arte y verdad’.

CULTURA | Abril 21 de 2021

“El 97% del tiempo en la insurgencia fue estar en la naturaleza, no en el combate”

El jueves 22 de abril a las 6:00 p.m., a través de Facebook.com/comisionverdadc, comisiondelaverdad.co y nuestro canal de YouTube, se realizará una nueva charla de ‘Nombrar lo innombrable: conversaciones sobre arte y verdad’, un espacio en el que los artistas colombianos hablan sobre cómo el arte ayuda a nombrar el conflicto de maneras particulares, convirtiéndose muchas veces en un testimonio y en un mecanismo de resistencia. En esta ocasión, Sara Malagón Llano, asesora de la comisionada de la Verdad Lucía González, hablará con el escritor Juan Álvarez y las excombatientes Doris Suárez e Isabela Sanroque.

Álvarez fue el encargado de coordinar ‘Naturaleza común: relatos de no ficción de excombatientes para la reconciliación’, que fue el resultado de un laboratorio creativo que convocó a firmantes de paz del partido Comunes para que escribieran relatos de no ficción sobre su experiencia con la naturaleza durante los años que pertenecieron a la guerrilla de las Farc.

Presentamos algunos fragmentos de “Un puñado de memorias”, la introducción del libro que escribió el mismo Juan Álvarez:

En el primer semestre de 2018, cuando iniciaba la Maestría en Escritura Creativa del Instituto Caro y Cuervo, junto a nuestras colegas de la Maestría en Estudios Editoriales diseñamos una serie de talleres de escritura y edición comunitaria que conseguimos llevar a las Bibliotecas Públicas Móviles que la Biblioteca Nacional de Colombia sembraba y gestionaba cerca de las llamadas Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN), luego convertidas en Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR), lugares rurales destinados a facilitar la reincorporación de los excombatientes a la vida civil luego del Acuerdo de Paz.

Por una razón u otra, no fueron muchos los excombatientes que asistieron en comparación con los pobladores de cada vereda. Llegamos a tener, sin embargo, en el taller de Mesetas, un grupo donde se encontraron firmantes de paz junto a soldados y policías activos. Con esta experiencia, tras corroborar cuán escasos son los relatos escritos por comunidades que han sufrido el dolor causado por el conflicto armado colombiano –relatos que apenas circulan en comparación con los relatos noticiosos de orden público–, una serie de preguntas, emparentadas, aunque distintas, empezaron a darme vueltas: ¿cómo había ocurrido que el medio ambiente había sido víctima, pero también beneficiario paradójico, del conflicto armado? ¿Cómo había sido la vida guerrillera de las FARC en las selvas del país para que algo así de complejo ocurriera? ¿Era posible reunir un puñado de memorias de trocha, montaña y tensiones en torno a ecosistemas o geografías concretas? ¿Qué era lo que ellas y ellos habían visto, que nadie más había visto?

A lo largo del año 2019 y parte del 2020 hicimos varios intentos de buscar aliados que facilitara un acercamiento al partido Comunes (antes llamado partido FARC) y a excombatientes interesados en escribir relatos de no ficción sobre su experiencia en y desde la naturaleza.

Todos los acercamientos fueron difíciles y ninguno prosperó por una razón tan simple como escalofriante: es tal el acecho al que están sometidos cada uno de los miembros del partido Comunes, es tal la carga de estigma que seguimos arrojando sobre ellos desde la sociedad civil, es tal la desidia y la sinuosidad gubernamental frente al pacto de estado comprometido en el Acuerdo de Paz, que a cualquiera de ellos le resulta imposible encontrar tiempo y espacio mental para algo más que el esfuerzo de supervivencia al que han sido arrojados en medio del asesinato de sus copartidarios, la búsqueda de un proyecto productivo para continuar con sus vidas y el deber de declarar ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

A mediados de 2020, sin embargo, nos encontramos con el Centro de Memoria Paz y Reconciliación dirigido por José Antequera, y así como antes la idea inicial navegó entre frustraciones, a partir de entonces agarró un vuelo firme que ya nada pudo detener. Así tomó forma el horizonte conceptual que sustenta el trabajo que aquí les presentamos: pensar la naturaleza como escenario social complejo para el encuentro y la reconciliación; construir la protección de la biodiversidad como consenso ecosocial en el cual descubrirnos; ofrecer un puñado de memorias de excombatientes, vividas desde geografías distintas, como muestra de la voluntad de hallar propósitos comunes.

El volumen, titulado ‘Naturaleza común: relatos de no ficción de excombatientes para la reconciliación’, está compuesto por once relatos finales que dan cuenta de formas y sensibilidades diferentes. Así como los náufragos llevan siglos regresando con una historia por contar, así este grupo de excombatientes tiene para ofrecernos su experiencia vivida allí, en las entrañas diversas de una geografía que, quizás no sea tarde, podemos recorrer como intento de reconciliarnos.

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