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Comisión de la Verdad

Nunca más a la guerra

De un apretón de manos distante a un abrazo colectivo. La historia de un proceso de reconciliación para la paz.

ENCUENTRO | Noviembre 15 de 2019

Nunca más a la guerra

¡Un abrazo colectivo! Esa fue la imagen hecha realidad que selló, este viernes, el compromiso de un grupo de excombatientes con la solución política del conflicto armado y la construcción de la paz con justicia social. Una muestra fehaciente de que es posible reconocerse y respetarse en la diferencia.

El de hoy, es tal vez, el proceso de reconciliación y no repetición más sobresaliente, dado entre quienes fueran enemigos en la guerra. Ellos y ellas hicieron parte de unas mesas de trabajo de ocho meses, acompañado por la Comisión de la Verdad, el ICTJ y ABCPAZ. 

Tras ocho meses de diálogos y a través de una declaración por la vida, la paz y la reconciliación, 30 hombres y mujeres, que empuñaron las armas durante muchos años, le demostraron al país que es posible reconocerse y respetarse en la diferencia.

 

 

La mesa estuvo compuesta por exintegrantes del Ejército de Liberación Nacional (ELN); ELN Replanteamiento; Ejército Popular de Liberación (EPL); Movimiento 19 de abril (M-19); Corriente de Renovación Socialista (CRS); Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT); Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). 

 

 

Ellos y ellas decidieron darse la oportunidad e hicieron parte de una mesa de trabajo llamada ‘Narrativas de Excombatientes’ que culminó con un pronunciamiento en el que, pese a tener algunos reparos con el proceso, hicieron varios compromisos con la paz. El más importante, sin duda alguna es el de cerrarle la puerta a cualquier posibilidad de retorno de la guerra a nuestro país diciendo “Nunca más”. 

Vea aquí el video de la Firma del ‘Compromiso con la Vida, la Paz y la Reconciliación’

Francisco De Roux, presidente de la Comisión de la Verdad agradeció el compromiso de los participantes en la mesa y destacó el papel que juegan en este momento histórico para el país.

“Amigos y amigas que venidos de la guerra han tenido el coraje de creer los unos en los otros, de darse la confianza y hoy nos han permitido vivir en este acontecimiento un acto sagrado. Ustedes nos han mostrado lo que significa el derecho a ser humanos en este país. Ustedes nos han mostrado que es posible ponerse más allá de nuestras organizaciones porque la causa es más grande que nosotros mismos. La posibilidad de que en Colombia podamos vivir aceptándonos en nuestras diferencias para trabajar juntos por un país en justicia, en verdad y en comprensión de los unos y los otros. Lo que ustedes han hecho fortalece el proceso de paz, fortalece este esfuerzo por la verdad desde el cual tenemos que construir la comprensión de lo que nos ha pasado en este país para encontrarnos en la realidad que estamos viviendo. Gracias por su compromiso en ser protagonistas de este momento que estamos atravesando”.

 

 

 

Estas son las consideraciones y compromisos que presentaron los excombatientes (consulte aquí el documento completo):

Primero. Los Acuerdos de Paz son procesos sociales y políticos que han sido incorporados a la Constitución Política desde 1991 y a sus positivos desarrollos, como garantía para una paz estable y duradera. Dejaron de ser un pacto celebrado entre el Estado y diferentes organizaciones alzadas en armas para convertirse en patrimonio del pueblo colombiano, que ha hecho de su defensa y de la lucha por su implementación, banderas esenciales hacia la solución de sus más graves problemas.

Segundo. Nuestro compromiso con la paz de Colombia significa un Nunca Más a la guerra y un rechazo a la violencia como forma de acción política. Recogemos el llamado del punto 3.4 del Acuerdo Final de La Habana, sobre un pacto nacional para sacar definitivamente las armas y la violencia de la política.

Tercero. Hemos cumplido y seguiremos cumpliendo con nuestra parte de los Acuerdos. Convocamos al Estado colombiano y a sus gobiernos a cumplir fiel e integralmente con los Acuerdos de Paz, con el deber de protección a la población que dejó las armas, trátese de antiguos insurgentes o de autodefensa, con el derecho a la vida y la estabilidad jurídica para los reincorporados y desmovilizados, con el marco de garantías requerido por todas las expresiones políticas, sociales y ciudadanas orientadas a la construcción de la paz.

Cuarto. Condenamos el asesinato sistemático y continuado de líderes y lideresas sociales, dirigentes de procesos de restitución de tierras, activistas medioambientales, líderes   comunitarios, étnicos, defensores de derechos humanos y excombatientes. Esta espiral de violencia constituye una flagrante violación de los Acuerdos de Paz por parte de las instituciones del Estado, que se comprometieron a rodear de garantías la vida, la integridad, la libertad física y el ejercicio pleno de la actividad política y la protesta social, no solo a quienes dejaron las armas sino al conjunto de movimientos y organizaciones sociales y políticas. La vida es sagrada. Exigimos el esclarecimiento y castigo para todos y cada uno de esos crímenes. Sólo así podremos vivir en una nación en paz y democracia.

Quinto. Rechazamos la posición asumida por los sectores que siempre han trabajado por hacer trizas los Acuerdos de Paz, en aplicación de la vieja práctica estatal de incumplir la palabra comprometida. Nos apartamos de quienes insisten en persistir alzados en armas y de quienes tomaron la decisión de volver a ellas. El sufrimiento de un pueblo que ha puesto más de ocho millones de víctimas en una guerra fratricida de más de medio siglo y sin futuro, basta para indicar que ese ya no es el camino. Las grandes transformaciones que reclama la Nación colombiana sólo podrán obtenerse con la consciencia y la organización de su pueblo. Para los exintegrantes de las AUC, recurrir a su nombre y logotipo con el fin de lanzar ante el país una proclama de guerra, no corresponde al sentir del gran universo de sus desmovilizados. En conjunto desaprobamos cualquier manifestación, provenga de donde proviniere, que se constituya en una amenaza para la paz. Apoyamos y llamamos a seguir el ejemplo de la gran mayoría de quienes han suscrito Acuerdos de Paz y los honran.

Sexto. Llamamos al gobierno nacional a cumplir con su obligación constitucional de conseguir la paz, con el fin de avanzar hacia una paz completa y duradera. Esperamos del ELN y otras organizaciones alzadas en armas un alto en el camino de la violencia, una actitud positiva que facilite tejer la solución política. Valoramos altamente el papel de la comunidad internacional, entidades y Estados, a favor de los procesos de paz en Colombia e instamos a que se preserven, respeten y garanticen sus valiosos apoyos.

Séptimo.  Estamos convencidos de que el narcotráfico sigue siendo un grave generador de violencia en nuestro país, pero a la vez nos identificamos con la idea de que la llamada guerra contra las drogas no es el camino para solucionarlo. Los distintos Acuerdos de Paz contemplaron una salida justa al problema. Instamos al Estado colombiano a adoptar alternativas viables de naturaleza política y jurídica para lograr el acogimiento a la legalidad de los grupos armados que persisten en actividades ilegales.

Octavo. Invitamos a la sociedad colombiana a reafirmar como suyo y a trabajar las condiciones para el éxito de los procesos de paz en curso, lo cual pasa por el apoyo activo a la implementación integral de todos los Acuerdos. Es tarea de las partes del conflicto bélico poner punto final a la guerra, pero es tarea del Estado, los gobiernos y el conjunto de la sociedad construir la paz y garantizar la justicia social. Llamamos a los medios de comunicación a desempeñar un papel decisivo en favor de la paz, sumándose con su enorme influencia al anhelo del pueblo colombiano por la reconciliación y la convivencia pacífica.

Noveno. Reiteramos nuestra disposición a participar conjuntamente en espacios de reconciliación regionales con las víctimas y las comunidades en los territorios del conflicto, a seguir contribuyendo al esclarecimiento de la verdad, la reparación de las víctimas, el logro de las garantías de no repetición, el perdón, la aclimatación de la convivencia y la reconciliación. Todos estos propósitos los entendemos factibles en el marco de la más amplia movilización social por la construcción colectiva de la paz.

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