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Comisión de la Verdad

Primer año de escucha en el Magdalena Medio

En su primer año, la Comisión escuchó y dialogó con algunas de las personas que tienen historias por contar en esta región, alguna vez escenario de brutales episodios de violencia, pero también cuna de liderazgos sociales y gestora de iniciativas de paz.

LA COMISIÓN | Diciembre 13 de 2019

Primer año de escucha en el Magdalena Medio

 

Muchos se han preguntado por qué la Comisión de la Verdad está escuchando a las víctimas del conflicto en los municipios del Magdalena Medio, si ya han contado lo que les pasó. Es porque para esta instancia del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición la verdad del conflicto armado interno en esta región se revela en los relatos, las voces y las inquietudes de quienes han vivido las violencias más atroces y aún vigentes en esta región. Por eso, este primer año ha estado marcado por la escucha.

Para desarrollar esta tarea, la Comisión identificó 44 municipios que geográficamente responden al poblamiento espontáneo de lo que a inicios del siglo XX eran terrenos baldíos del Estado en las colas de los departamentos de Cesar, Bolívar, Santander, Antioquia, Caldas, Boyacá y Cundinamarca, todos con la particularidad de estar comunicados por el río Magdalena. Estos terrenos fueron poblándose cíclicamente respondiendo a la violencia política, el boom de la explotación minero energética, la búsqueda de alternativas para poseer tierra ocupando baldíos (en medio del conflicto), la migración y la expansión de la frontera agrícola, marcando los modelos de desarrollo en la región.

Luego del acto de lanzamiento de la Comisión, el 29 de noviembre de 2019, comenzó la cuenta regresiva de los tres años de esclarecimiento de la verdad del conflicto armado interno, el reconocimiento de responsabilidades, la promoción de la convivencia y la no repetición. En el Magdalena Medio se inició un despliegue en tres territoriales y la apertura de Casas dela Verdad, lugares dignos para la escucha activa de las diversas voces de la región, de las cuales ya funcionan la de Barrancabermeja, que cubre el Magdalena Medio santandereano, parte del antioqueño y del sur de Bolívar, a la que se sumarán la de Aguachica, Cesar, que cubrirá el sur del Cesar y de Bolívar; y la Casa de la Verdad en La Dorada, Caldas,  que cubrirá el Magdalena Medio boyacense, caldense, antioqueño y santandereano. Lugares que durante todo este primer año han contado con un equipo de escucha.

De los 11 comisionados, quien orienta el mandato en el Magdalena Medio es Lucía González Duque, quien durante la apertura de la casa en Barrancabermeja expresó: “Esta es una casa de puertas abiertas donde vamos a escuchar todas las voces y a construir con el concurso de todos los habitantes de la región una noción explicativa del conflicto armado interno”, por eso en el Magdalena Medio, develar la verdad adquirió un sentido de región, tejido por su cultura, costumbres, lenguaje, relacionamiento, y mediado por el territorio común, para realizar el mandato escrito en el punto 5 del acuerdo de paz, desde el corazón del país.

 

Escucha constante

Durante este primer año, el equipo regional de la Comisión de la Verdad definió el norte de la investigación de dichas nociones que expliquen el conflicto armado y permitan darle la vuelta a la tragedia vivida, y enfocarse en un futuro en paz.

Con la participación amplia de las víctimas, organizaciones, excombatientes, líderes, pescadores, funcionarios, universidades, sindicatos, periodistas, indígenas, población LGBTI, afrodescendientes y campesinos, el equipo regional de la Comisión ha venido indagando seis núcleos temáticos: el primero sobre la estructura, tenencia y usos de la tierra, junto al desplazamiento y despojo; el segundo y el tercero, enfocados en las causas que originaron y fortalecieron el paramilitarismo y las guerrillas; el cuarto, orientado a saber el impacto del conflicto en el ejercicio de la política y la democracia; el quinto tiene objetivo de conocer las resistencias, luchas sociales y transformaciones positivas; y el sexto, el modelo de desarrollo pasando por las economías extractivas y los impactos ambientales para comprender el relato de la región.

Para lograrlo –en tres años-, se emprendieron diversas estrategias de escucha a víctimas, responsables, empresarios, entre otros actores del conflicto armado interno, que han sido convocados para ‘Diagnósticos participativos y comunitarios’,  entrevistas individuales y colectivas y talleres con exmiembros de la extinta guerrilla FARC-EP, y del Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), todos con un conocimiento específico y significativo para la comprensión del conflicto en la región.

 

La búsqueda de las razones del conflicto para develar la verdad

La verdad de la Región del Magdalena Medio está comunicada y conectada por el Río Magdalena y sus afluentes, y las innumerables ciénagas y caños que bañan de vida esta región. “Para el año de 1977 cuando inicié la pesca había abundancia de peces, en ese tiempo era una actividad hermosa, vivíamos una vida tranquila, era un encuentro con toda una cantidad de pescadores en tres meses de subienda en la parte alta, media y baja del rio Magdalena, desde el Banco Magdalena, hasta La Dorada, Caldas”, recuerda Juan Tercero Gamarra.

Este pescador artesanal contó cómo era una faena de pesca de aquella época: “Cuando íbamos por el rio Magdalena en subienda, se hacía de las 6 hasta las 10 de la mañana, de ahí en cualquier playa parábamos para preparar los alimentos y se mandaba la pesca con unas embarcaciones, los que nos quedábamos, cocinábamos y teníamos un conjunto vallenato, cada uno pedía al gusto la música que quisiera y los cantantes, guacharaqueros  y acordeoneros, iban cantando las canciones de Zuleta, Alejandro Durán, Enrique Díaz, entre otros juglares vallenatos”.

Con melancolía, narró cómo, a partir de 1982, el conflicto armado dañó el paraíso que era el Magdalena Medio: “Vivíamos en un estado de paz, tranquilidad seguridad, cero desconfianzas, así no conociéramos la persona llegábamos y dormíamos en cualquier playa, nadie estaba pensando en atracar, había pescado para todos. Cuando ya apareció el poder de la guerrilla, el 24 frente de las FARC, ellos tuvieron el dominio en todo el territorio”.

En esta región, el 41% de la población que habita el Magdalena Medio sufrió directamente hechos de violencia como el desplazamiento forzado, homicidios, amenazas, bloqueos alimentarios, desaparición forzada, actos terroristas, minas antipersona, secuestro, tortura y reclutamiento de menores de edad, según la UARIV, de 1984 a febrero de 2018, 494.110 habitantes han sido víctimas del conflicto armado interno.

Los colectivos de víctimas han vivido en carne propia la ausencia de la protección integral del Estado en la región, como respuesta de un modelo que no prioriza su atención en estas regiones alejadas de las capitales departamentales, el manejo militar de los malestares y reivindicaciones sociales, generando tensiones y relaciones de desconfianza que hoy se convierten en un reto y que requieren de su transformación.

 

Acciones de reconocimiento de las víctimas

Cada persona escuchada en las veredas, los caminos, y en los diversos espacios de encuentro como la Casa de la Verdad de Barrancabermeja, permitieron reconocer en sus relatos, las capacidades de afrontar el conflicto, de resistir, de organizarse y determinarse a transformar su presente.

Por eso, la Comisión de la Verdad generó unos eventos de reconocimiento llamados Encuentros por la Verdad, para que durante el 2019 se iniciaran procesos de reconocimiento de los impactos del conflicto armado interno en los cuerpos y las vidas de las mujeres y personas LGBTI que fueron víctimas de violencias sexuales y de género, por parte de grupos armados #MiCuerpoDiceLaVerdad

En Barrancabermeja, se reunieron las conmovedoras historias de mujeres y familiares víctimas de desaparición forzada donde se reconoció la persistencia de las mujeres y familias buscadores de personas desaparecidas a causa del conflicto armado interno #ReconocemosSuBúsqueda. En Aguachica, los niños y niñas reflexionaron la importancia de la verdad en sus vidas en el marco de un foro con el reconocimiento #NoMásNiñosYNiñasEnLaGuerra. De allí se recogieron testimonios como los de Tomás y Sebatián, ambos de 11 años de edad: “Es mejor decir la verdad a alguien, a que después se entere y pagar por ello” y “No permitamos la guerra en nuestro país”.

Asimismo, los campesinos y campesinas de los municipios productores de alimentos del Magdalena Medio fueron escuchados y reconocidos sobre cómo el conflicto afectó el territorio, la cultura, y transformó el uso de la tierra, desplazó, despojó y desapareció poblados en corregimientos y municipios. Desplazamientos masivos de población campesina de más de 3.000 hectáreas, como lo sucedido en las Pavas (El Peñón, Bolívar), el desplazamiento en La Gloria (Cesar) donde se despojó a los campesinos unas mil quinientas hectáreas, en Puerto Wilches (Santander), El caso del Garzal en Simití (Sur de Bolívar) donde más de 1.600 campesinos resisten a dejar su tierra y relación telúrica con el cacao, el caso del Congal, un pueblo quemado por los paramilitares en Samaná (Caldas) y hoy las múltiples afectaciones y los terrenos no solo cambiaron de dueño, sino el uso de sus suelos y aguas, entre varios otros casos ejemplarizantes de afectaciones al campesinado del Magdalena Medio.

 

Diálogos para la no repetición

El Magdalena Medio le habló al país y al mundo, qué violencias han pasado los liderazgos sociales y de derechos humanos en la región, en el cuarto Diálogo para la No Repetición, evento público que desde Barrancabermeja reunió líderes sociales nacionales, regionales y locales, empresarios, jóvenes, periodistas, artistas, campesinos y sectores para realizar unos aportes regionales a la no repetición del conflicto “Larga vida a los hombres y mujeres líderes sociales y defensores de derechos humanos #LaVerdadEsConLosLíderes

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Convivencia: Afrontamiento del Conflicto y la transformación

La Comisión trabaja en identificar cómo los pobladores del Magdalena Medio han afrontado y resistido el conflicto, para vivir en el territorio su relación telúrica, es decir, cercana y amorosa con la tierra, al rio, humedales, montañas y valles.

Develar las verdades que no se conocen de la tradición organizativa y de movilización social, reconocer que han gestado en la región una población que conquista con sus luchas la defensa de los derechos humanos, haciendo de los diversos pobladores del Magdalena Medio y en especial de Barrancabermeja una población que auto determina su futuro para no repetir el conflicto armado.

Paola Muñoz, joven artista y líder de la Organización Femenina Popular, afirma que, viviendo en Barrancabermeja, y viendo tanto conflicto en su niñez “no entendía mi historia ni tampoco el conflicto, cuando empecé a acercarme a las organizaciones de víctimas, a entender las percepciones de la gente que había tenido que hacerle frente al conflicto, parársele a los actores armados empecé a admirar a los verdaderos héroes que han hecho el país. Acercarme con lo que nos ha sucedido nos hizo ver la misma desigualdad que vivimos, el abismo que hay entre los jóvenes de las ciudades capitales a los que viven en el territorio”.

En la región la Comisión de la Verdad, se articuló a otras organizaciones para fortalecer la experiencia de convivencia de Micoahumado, en el municipio de Morales, Sur de Bolívar, y viene trabajando la identificación de otras experiencias de convivencia que se han dado que en la región. “No solo existe la verdad de la guerra, también está la de la construcción de la paz”, afirmó una organización del territorio. De estos procesos se ha permitido escuchar a más de 1.800 personas, afirma Águeda Plata, coordinadora de la Comisión en el Magdalena Medio.

 

Retos de la Comisión de la Verdad en el Magdalena Medio

En el2019, con el lanzamiento de los mecanismos de participación de las entidades que comprenden el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y garantías de No Repetición (Jurisdicción Especial para la Paz , Unidad de Búsqueda y Comisión de la Verdad), se ha abierto una esperanza entre las víctimas, que confían en el cumplimiento del mandato, y han abrigado la esperanza de que sean escuchadas y atendidas sus preguntas.

El reto que ha asumido la Comisión es escuchar a todas las voces para entender y explicar ¿qué es lo que ha pasado en el conflicto armado?, acercarse a las voces menos escuchadas, y dilucidar lo que ha permanecido invisible y los patrones de violencia que han perpetuado la barbarie. Responder entre todos a las preguntas centrales que se nos plantean para construir un presente y un futuro de esperanza y respeto por la vida: ¿Por qué llegamos a semejante tragedia? ¿Por qué a pesar de varios procesos de desarme de diversos grupos continúa una situación de tanta vulnerabilidad para las poblaciones? ¿Cuáles son las dificultades que se presentan en este proceso de transformación? Y ¿Qué retos hay en esas relaciones de poder político, económico y social en la región?

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