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Comisión de la Verdad

¿Qué piensan, recuerdan y sienten las niñas, niños y adolescentes acerca del conflicto armado?

Cerca de 33 niños y niñas, representantes de varias regiones del país, participaron en el Encuentro ‘Niños, niñas y adolescentes le hablan a la Comisión de la Verdad’. Allí aportaron relatos, ideas y experiencias para la construcción de verdad.

ENCUENTRO | Julio 19 de 2019

¿Qué piensan, recuerdan y sienten las niñas, niños y adolescentes acerca del conflicto armado?

 

Hace unas semanas, se llevó a cabo el Encuentro ‘Niños, niñas y adolescentes le hablan a la Comisión de la Verdad’. El espacio contó con la participación de niños, niñas, adolescentes, quienes establecieron un diálogo con el presidente de la Comisión de la Verdad y algunos comisionados para analizar los impactos que tuvo y tiene el conflicto en sus vidas.

Las comisionadas asistentes hicieron un recorrido que les permitió conocer el trabajo realizado por los niños, niñas y adolescentes. Ellos y ellas crearon varios mensajes y en diferentes formatos: en una memoria sonora, porque “la verdad debe ser escuchada”; en libros autobiográficos hechos a mano, “porque cada historia es una vida por eso se individualizan los relatos”; y a través maquetas y otras expresiones de las artes plásticas, para recopilar las vivencias tanto en el conflicto como en la construcción de paz con la diversidad de los territorios.

 

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Amanda*, una niña proveniente de Nariño, recuerda cuando estaba jugando con un compañero que pisó una mina: “Él murió y desde ese momento muchos niños tenemos miedo de ir a los campos porque pensamos que podemos morir también. Hemos quedado marcados de por vida”. Ella también opina que la Comisión debe llegar a todos los rincones de Colombia donde estas historias afectaron a los más jóvenes.

Asimismo, en un mural de historias se incluyeron relatos como “Llorente, Nariño, año 2018. Niña obligada a trabajar para el sostenimiento de la familia, después de haber sido desplazada. No puede estudiar”, que contribuyen a la reconstrucción de la memoria en los territorios.

 

obras ninos

 

Algunos participantes, como víctimas y otros como testigos que presenciaron hechos violentos, recopilaron sus memorias y conversaron sobre nuevos escenarios de conflicto que les rodea.

Juana, indígena embera-chamí de 13 años, manifestó, en su idioma materno y luego en español, que la guerra jamás iba a acabar porque las amenazas a quienes prestan un servicio en su comunidad siguen llegando. “A los profesores, las autoridades, los médicos, a todo el que quiera hacer el bien, lo amenazan y eso nos pone en peligro a todos”, dijo con voz entrecortada.

En medio de las conversaciones, se desataron risas, pero también llanto porque muchos de los asistentes revelaron que permanecen en peligro por múltiples factores ligados al conflicto. “Podemos sacar a un niño de la guerra ¿Pero cuándo podremos sacar la guerra del niño?”, preguntó Raquel, una adolescente del Cauca mientras explicó que en su territorio se hacen esfuerzos por proteger a niños, niñas y jóvenes, pero los riesgos del narcotráfico, las bandas ilegales y el reclutamiento ilícito persisten.

 

entrega libro

 

De otra parte, Gabriel, con acento caribeño, valoró la experiencia del intercambio con otros niños y niñas de varias regiones y destacó que “han pasado muchas cosas trascendentes, hemos hecho lazos de amistad, hemos cultivado el futuro de cada una de las comunidades representadas por nosotros”.

Las jornadas de escucha ofrecieron un panorama enriquecedor para los comisionados: “Es uno de los encuentros más conmovedores que he tenido”, señaló la comisionada Patricia Tobón Yagarí, quien pudo hablar en su lengua materna, embera chamí, con una niña participante a quien sorprendió porque no sabía que hubiese una comisionada indígena.

La escucha también fue significativa para los propios participantes, como lo resaltó Julio: “Soy víctima indirecta del conflicto armado. En estos días he aprendido que ellos tienen una pasión mayor a la mía, he aprendido de su resiliencia porque a pesar de sufrir el conflicto armado de manera directa y muchos de sus familiares han muerto, también han sabido superarse y están trabajando para que eso no se repita. Ese es justamente uno de los elementos de la Comisión de la Verdad”.

Mientras que, para Mario, el derecho a la verdad y las garantías de no repetición no son un asunto exclusivo de la Comisión de la Verdad. “Hay que ponerse en los zapatos de los comisionados y saber que no lo pueden hacer todo. También nos involucra a nosotros, a los medios de comunicación y a todo el Estado. Hay que solucionarlo entre todos porque todos somos Colombia”, afirmó.

El círculo de la palabra

Repartidos en tres grupos, se realizaron conversaciones en un espacio de confianza para presentar propuestas y formular preguntas sobre la participación de niños, niñas y adolescentes en la Comisión, las cuales surgieron de los procesos de creatividad colectiva durante el encuentro.

Una de las ideas es que se pueda contar con un niño o niña asumiendo el rol de comisionado. También, que se conformen núcleos de trabajo en las regiones para hacerle seguimiento a los procesos de la Comisión y para identificar formatos y lenguajes, pensando en la socialización del informe final que se producirá en el año 2021.

 

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Parte de las contribuciones de los y las participantes, dejaron en evidencia una pregunta que resonó en el auditorio: ¿El Informe de la Comisión se tendrá en cuenta la voz de la niñez y de la juventud? ¿Habrá un capítulo exclusivo dedicado a esta población? Frente a lo cual, Francisco De Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, les propuso un desafío: “Les propongo no un capítulo, sino un libro escrito por los niños, con toda la creatividad, las propuestas y la osadía de ustedes”.

La paz fue también un tema principal del encuentro ¿Cuál es la visión de paz para el país?, preguntó una de las niñas. De Roux dijo: “Nosotros queremos un país donde todas las personas sean consideradas como iguales, sin importar las diferencias entre nosotros. Sobre todo: queremos una paz grande donde todos quepamos y podamos ser felices”.

Los niños y niñas hicieron un llamado a superar las dificultades y proyectarse como generación hacia el futuro. Pero, a la vez, plantearon la necesidad de reconocer la manera en que se ha vivido la guerra desde la niñez y la adolescencia y en los entornos familiares y comunitarios.

 

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En ese sentido, Juan, de 14 años, les planteó a los comisionados que “todas las personas que estamos acá le hemos ganado una batalla a la guerra”, y valoró que cada persona que está participando en estos espacios se libera de pertenecer a un grupo armado porque fortalece su conciencia como ciudadano o ciudadana.

Somos presente y futuro, pero también somos ese pasado

Los participantes recalcaron su contribución para el presente, pero Ernesto alzó su voz y también dijo que “hay que mirar al pasado y para poder ver hacia delante. Los niños y jóvenes no solo somos el presente y el futuro, también somos el pasado” y agregó que se necesita participar desde ya en todas las instancias de gobierno sostener las recomendaciones que aportará la Comisión en el largo plazo.

Asimismo, Ernesto destacó tres reflexiones del encuentro: “el dolor y la tristeza que compartimos, nos fortalecen y nos comprometen aún más para trabajar en esto; segundo, que no solo somos el futuro, también somos pasado, hoy somos presente y vamos a ser futuro; y tercero, esta experiencia que hemos tenido es el primer paso para llegar a un futuro transformador si somos semillas y a la vez somos árboles con frutos de paz, justicia y verdad”.

Las expectativas aumentan y Ernesto se pregunta ¿cómo no defraudar la ilusión de la que se ha hablado durante estos días? Y él mismo responde: “Han sido muchas las opiniones que niños, niñas, adolescentes y jóvenes han traído a este lugar. La única manera de no decepcionarnos es prestarles importancia y tenernos en cuenta. Queremos incidir”.

“Aprendí la importancia de valorar a las personas, sobre los sentimientos de los niños y las niñas. A convivir con otros niños a partir de la conversación de un tema en común como los relatos de lo que les pasó en el conflicto y me alegró llevarme muy bien con ellos”, expresó Jaime, de 13 años, quien hizo un balance de lo aprendido en la jornada.

También, se refirió a una dificultad para lograr una paz en la que participe toda la sociedad.  “Como pocos conocen bien la historia y hay quienes tienen mucha desconfianza. Se puede decir que ya está firmado el Acuerdo de paz, pero sigue habiendo conflicto. La historia se repite porque no se conoce”.

Un baúl para guardar historias y anhelos de no repetición

“En Buenaventura se ha vivido una ola de dolor horrible y todos hemos sufrido. Hay una canción que se llama ‘¿Qué queremos?’ Muchos respondemos que queremos amor, que nos escuchen, queremos respeto de nuestros derechos y sobre todo que nuestro territorio sea un ambiente libre para podernos desarrollar”, con esas palabras Johana tomó la mano de otros dos compañeros procedentes del Norte de Santander y la Amazonía y entregaron un baúl con sus historias llenas de sufrimiento y esperanza.

Conmovida por estos relatos, la comisionada Patricia Tobón Yagarí resaltó la capacidad creadora de los niños y niños y la importancia de una metodología acompañada por las organizaciones e instituciones aliadas: “Nos han abierto una ventana desde las propuestas que ustedes trajeron para la Comisión. Ustedes pueden escribir los relatos de sus territorios y pueden hacer realidad todo lo que sueñan”.

 

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Mientras que la comisionada Ángela Salazar dijo que: “La verdad de ustedes es más espontánea”, al tiempo que recibía un baúl con historias narradas en distintos formatos y desde distintas regiones de Colombia.

Por su parte, Francisco De Roux dijo: “Sentí el fuego y los símbolos, el agua y la presencia de sus territorios y el espíritu. Este baúl, por supuesto que es un tesoro. Lo vamos a repasar para conocerlo, lo vamos a compartir y esperamos que esté en exposiciones museográficas”.

 

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También, resaltó la trayectoria de las comisionadas Patricia y Ángela: “Cuando ellas tenían la edad de ustedes, ya estaban pensando lo que iban a hacer por sus pueblos. Ellas son un ejemplo de que pueden llegar a ser lo que ustedes sueñen. La tarea que hay es muy larga, pero dependerá de esa mirada y ese compromiso desde ahora”.

Igualmente le manifestó a los niños, niñas y jóvenes que “cada uno es fruto de un amor infinito. Nunca en la historia de la humanidad, hubo alguien igual a cada uno de ustedes. Son únicos y cada uno llegó con una misión. Escuchen a su corazón y sepan por qué están aquí”.

El impacto del conflicto en el curso de vida

Sinthya Rubio Escolar, coordinadora del Enfoque de Curso de Vida en la Comisión de la Verdad, afirmó que el conflicto armado ha afectado a varias generaciones y de distinto modo con impactos físicos, emocionales, culturales, entre otros. “Los niños han vivido en forma cruda el conflicto armado interno e incluso han observado hechos atroces contra ellos, sus familias y comunidades que les han dejado serios impactos pero que además han afectado su trayectoria de vida”.

Según el Registro Único de Víctimas (RUV), existen más de 2.300.000 niños, niñas y adolescentes registrados como víctimas. No obstante, la cifra podría ser aún mayor si se tienen en cuenta a varias generaciones desde 1958, fecha que marca el inicio del análisis de la Comisión de la Verdad.

“De manera directa o indirecta, han sido expuestos a múltiples formas de violencia en sus años de formación. Sus vidas se han visto interrumpidas, se han debilitado sus mecanismos de protección, se ha incrementado su vulnerabilidad, así como sus posibilidades de sufrir una revictimización”, añadió Rubio.

 

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Las instituciones

Durante el Encuentro se realizaron ejercicios de manera segura, responsable y respetuosa, para identificar rutas que aporten a la garantía de su derecho a la participación de manera efectiva en todo el proceso que involucra el esclarecimiento, el reconocimiento, la convivencia y la no repetición.

Los asistentes tuvieron un diálogo directo con los comisionados para compartir sus propuestas en Bogotá, con el apoyo de la cooperación internacional, de las organizaciones sociales con trayectoria en la participación de niños, niñas y adolescentes y de entidades de gobiernos locales como: Fundación PLAN, Coalición contra la vinculación de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado en Colombia (COALICO), UNICEF, Taller de Vida, la Estrategia Atrapasueños de la Secretaría Distrital de Integración Social de Bogotá y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) con el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

*Todos los nombres fueron cambiados por razones de seguridad y protección.

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