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Comisión de la Verdad

“Narrar la violencia ayuda a comprender las dimensiones de la deshumanización”: Ricardo Silva Romero

El escritor dialogó el pasado 17 de septiembre fue el invitado de una nueva charla de ‘Nombrar lo innombrable: conversaciones sobre arte y verdad’.

CULTURA | Septiembre 18 de 2020

“Narrar la violencia ayuda a comprender las dimensiones de la deshumanización”: Ricardo Silva Romero

Belén del Chamí es un pueblo ficticio, no existe. Sin embargo, pese a que solo tiene lugar en la novela ‘Río muerto’, gracias a la creatividad de su autor, Ricardo Silva Romero, podría confundirse con facilidad con cualquiera de las poblaciones colombianas, piense usted en Bojayá, que han sufrido por el conflicto armado interno. Hilada como ficción, la historia está basada en hechos reales y, al igual que la mayoría de la obra de Silva Romero, es un fiel retrato del país.

El escritor dialogó el pasado 17 de septiembre con la comisionada Lucía González y con Sara Malagón Llano, asesora de la Comisión de la Verdad, en una nueva charla de ‘Nombrar lo innombrable: conversaciones sobre arte y verdad’, un espacio que busca resaltar el papel que cumplen los artistas a la hora de narrar, a través de sus creaciones, la manera como habitamos el territorio.

La comisionada Lucía González reiteró la importancia del arte como el lenguaje para aproximarnos a una verdad más humana, que trasciende a la política y a la academia. Además, al valorar la obra del escritor, manifestó que pone en evidencia que la guerra en Colombia es un asesinato perpetuo entre hermanos, entre gente muy cercana. Agregó que en algunas poblaciones “la manera como llega el Estado ha hecho que la muerte sea un destino”.

Silva Romero está convencido que el camino de narrar lo que ocurre, palabra por palabra, es lo que nos permitirá salir la violencia, la cual se ha convertido en “una costumbre que tenemos que desmontar”. Escribir, para él, ha sido como un ejercicio parecido a la justicia, tratando de simularla antes de que llegue para escapar de la impunidad. Y es que Colombia, dice el escritor, es un caso de estudio para el mundo, porque lo común es que la literatura cuente sobre la violencia cuando esta ya ha terminado, pero en nuestro país escribimos siempre en medio de la guerra.

Desde sus primeros relatos el autor persigue conjurar la violencia para tratar de dimensionarla y de hallar alguna solución. Muchas de sus novelas también son promesas, a familiares, amigos y viejos profesores, en las que la reportería no quedó en un segundo plano, pues tratan de contar historias dolorosas que alguien vivió. Sucede así, por ejemplo, en libros como ‘El espantapájaros’ (2012), ‘Historia oficial del amor ‘(2016) y ‘Río muerto’ (2020).

Los pulsos familiares por ideologías que terminan en muerte, la recreación de principio a fin de una masacre, las vivencias de esos “puntos ciegos” donde ocurren tantas calamidades en la Colombia rural, son algunos de los temas que el escritor ha llevado al papel. Esa curiosidad, que viene desde hace mucho tiempo, el autor la explica al confesar que “desde que tuve uso de razón supe que en Colombia a uno lo podían matar por lo que pensara o lo que hacía”.

Pronunciar lo que nos ha sido negado

Silva Romero considera que en Colombia nos acostumbramos a cerrar las tragedias con resignación, por eso recalcó la importancia de pronunciar lo que ocurrió, y sobre lo que de alguna manera se nos ha negado la posibilidad de pronunciarlo. Por eso en sus novelas hay personajes, víctimas, que le hacen frente a sus victimarios. “Se trata de tener la posibilidad de decirle la verdad en la cara a los violentos sin tenerles miedo”, explicó.

Si bien muchos de sus relatos están ambientados en décadas pasadas, el escritor valoró que hoy en día existan entidades como la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por desaparecidas, precisamente para enfrentar a los violentos y construir un relato encaminado a la reconciliación.

El autor piensa que es necesario tumbar “las mitologías que se crearon para justificar las barbaries”, el discurso que pronunciaron los actores armados para distorsionar los hechos y así buscar una legitimidad inexistente. “Creo que en medio de una guerra tan prolongada el empobrecimiento humano es muy fuerte”, afirmó. No obstante, y a pesar de lo anterior, Silva Romero ve a una sociedad con capacidad para transformarse hacia la convivencia y hacia el reconocimiento político de muchas más voces.

Eso sí, advirtió, no hay que olvidarse del papel que están jugando todos los actores que persiguen la paz, que transitan un camino que se quisiera fuera más ágil y verificable, y lo hacen a pesar de gobiernos que pueden desandar lo recorrido y actuar de “manera errática”. Lo peligroso, anotó, es buscar un unanimismo en el que se vea como enemigos a quienes piensan diferente. También señaló que “un gobierno no puede tener ambigüedad en la búsqueda de la paz, porque eso trae consecuencias fatales”.

La realidad del país, las manifestaciones de los días recientes, demuestran para Silva Romero que estamos ante una generación “que no se va a dejar agachar la cabeza” y buscará una democracia que no esté entre comillas y en la cual el poder sea de la ciudadanía. Hizo un llamado a no dejarse enfermar por la violencia, sino a asumir el dolor, compartirlo y relatarlo, para así poder vivir con alegría. “Mientras uno esté vivo todo puede transformarse para hallar algo semejante a la paz”, dijo.

El próximo encuentro de ‘Nombrar lo innombrable: conversaciones sobre arte y verdad’ será el próximo 1 de octubre y tendrá como invitada a la artista Nidia Góngora.

 

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