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Comisión de la Verdad

Víctimas pertenecientes a la Fuerza Pública contaron sus historias a la Comisión de la Verdad

Sobrevivientes o familiares de militares que participaron de este Espacio de Escucha dieron su testimonio sobre la violencia que los afectó.

ENCUENTRO | Agosto 21 de 2020

Víctimas pertenecientes a la Fuerza Pública contaron sus historias a la Comisión de la Verdad

 

Un nuevo Espacio de Escucha virtual, que recibió el nombre de ‘Huellas de la guerra: impactos humanos y sociales en víctimas exintegrantes de la Fuerza Pública’, convocó este viernes a la Comisión de la Verdad y permitió darle voz a aquellas personas que sobrevivieron o perdieron a sus seres queridos en medio de la guerra.

“Estos espacios buscan lograr un proceso de participación incluyente, pluralista y equilibrado para escuchar a las víctimas y actores del conflicto, en aras de aportar a la verdad”, señaló Martha Patricia Obregón, coordinadora de la Macrorregión Centroandina de la Comisión.

Juliette de Rivero, representante de la Oficina en Colombia de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, manifestó que es fundamental conocer “las circunstancias en las que se presentaron las violaciones al Derecho Internacional Humanitario”, y estos escenarios públicos permiten conocer los impactos individuales, colectivos y las particularidades de la violencia en las regiones.

El comisionado Carlos Guillermo Ospina expresó que este diálogo hace parte de la función misional de la Comisión. “Las víctimas están en todos lados, no hay unas que sean más importantes que otras”, dijo. De esta forma no solo se cicatrizan las heridas que les dejó la guerra, sino que es una forma de dignificar como ciudadanos a quienes cuentan sus dolorosos relatos.

 

ospina 21 agosto

 

Como parte de los Acuerdos de Paz firmados entre el Gobierno y Farc se debe seguir un camino para reconstruir la confianza, para la cual es necesario esclarecer y reconocer plenamente la verdad. En ese sentido, Martha Patricia Obregón presentó a los sobrevivientes o familiares de militares que participaron de este Espacio de Escucha y dieron su testimonio sobre la violencia que los afectó.

Tiempo para escuchar

María Isabel Sandoval Amaya, gestora ambiental y lideresa social, compartió su relato como esposa del fallecido sargento mayor Walter Luis Moreno Arias. El conflicto cobró su vida en 2010, cuando participaba de la Operación Camaleón, que, aunque permitió la liberación de cuatro secuestrados a su familia le dejó heridas profundas. “Walter sembró en mí esa semilla del amor por el prójimo. Espero que las generaciones que vienen vean un empoderamiento en mí para seguir luchando por la dignidad de las víctimas de la Fuerza Pública”, dijo María Isabel. Ella sigue adelante tal y como se lo prometió en vida su esposo, que alguna vez le pidió que si alguna vez el barco se quedaba sin timón, ella siguiera adelante y no dejara naufragar la embarcación. “Desde entonces sigo remando”, apuntó.

 

maria sandov

 

Uno de los sobrevivientes de un atentado en el municipio de Santa María (Huila), en febrero de 2004, fue Aneider González Tapiero, cuando apenas llevaba tres años como soldado profesional. “Esa noche cayeron tantas granadas, sonaba tanto el cielo, que no sabíamos si era el fin del mundo para los que estábamos allí”. En ese ataque perdió a dos de sus compañeros, pero él, herido y escondido de sus victimarios, logró salir de allí. Tras una lenta recuperación física, Aneider aún sufre las secuelas emocionales, el estrés postraumático todavía le ocasiona problemas para dormir. A pesar de aún lo aquejan estos recuerdos, invitó “a buscar lado humano que tiene cada colombiano y respetemos la vida. No trunquemos los sueños por una guerra absurda”.  

 

aneider

 

Nelly González de Rodríguez perdió a su hijo, Alfonso Rodríguez González, cuando servía como comandante del puesto de Policía en Toribio, Cauca, en marzo de 2001. Nelly recuerda las amenazas que antecedieron a la muerte de Alfonso, en medio de un recrudecimiento de la guerra tras los fallidos diálogos entre el Gobierno y las Farc en el Cagúan. “Aún sigo sin entender por qué me arrebataron a mi hijo, cuando él estaba ayudando a una comunidad”, se lamentó. Sin embargo, no bajó los brazos y descubrió a un grupo de mujeres que le ayudaron a dar un giro de 180 grados y a su lado comenzó a trabajar por la paz, para que como ella misma dice: “Para que nadie más pase por lo que otros tuvimos que pasar”. A raíz de esto, como muestra de resiliencia, Nelly se convirtió en coordinadora de la mesa de víctimas Alianza Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz. Hoy hace un llamado a escucharnos y dejar atrás la exclusión y la muerte, solo por el hecho de tener pensamientos opuestos.

 

nelly centoandina mili

 

Tras sobrevivir al estallido de un artefacto explosivo que activó en su camino al baño la noche del 14 de mayo de 2001, Abel Rojas Díaz fue declarado no apto para seguir en la carrera militar. Tres años duró su recuperación y al cumplir 24 no le permitieron continuar en el Ejército y no le fue reconocida su pensión de invalidez. Abel cuenta que solo hasta 2005 logró obtenerla, luego de un largo litigio. A él lo señalaron como el guerrillero infiltrado que había sido responsable del atentado que dejó a otros 14 compañeros heridos en Pitalito, Huila. El verdadero actor material del hecho, que se hizo pasar por soldado regular, hoy rinde cuentas ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Por su parte, el camino escogido por Abel para que no se repita lo que le ocurrió, fue graduarse de abogado y comenzar a trabajar para que más de 168.000 miembros de la fuerza pública (activos, retirados y pensionados) se les garantice lo que les deben. Hoy es presidente de la Asociación de Militares Sobrevivientes del Conflicto Armado del Huila. “Ofrendamos nuestros mejores años y lo que pedimos es que se reconozcan los derechos que han sido sustraídos”, dijo.

 

abel centroandina militar victima

 

Reflexiones

Uno de los aspectos que resaltó Dora Lucía Lancheros, coordinadora del enfoque psicosocial de la Comisión de la Verdad, luego de escuchar los testimonios de las víctimas, es la importancia de cuidar la salud mental de los sobrevivientes o de las familias. “A veces hablamos de las pérdidas económicas, de cambios en el lugar de residencia, pero también tenemos que hacer visible ese dolor que los ha acompañado”, expresó.

En la Comisión también se trabaja en lo que implican las pérdidas para las nuevas generaciones, señaló Dora Lucía, refiriéndose a los vínculos familiares que se rompieron, de los hijos o nietos que terminaron enfrentando experiencias desgarradoras y que les dificultan vivir en paz. “Ojalá que estos aprendizajes permitan que ellos o sus descendientes no vuelvan a pasar por lo mismo”.

Alejarse de los extremismos, de los buenos y los malos, y más bien identificar que eso que nos duele y nos causa impotencia y manifestarlo para sanar la memoria, sugirió Dora Lucía. “La única forma de que estemos volcados a comprender estas historias, es saber que desde la humanidad podemos construir relaciones distintas, sin que eso implique desconocer lo que ocurrió”, concluyó.

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